FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Super Pipeline

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
Llamadme maniático, repollo pedante o bicho raro, si queréis, pero ¿sabéis? cuando era niño y comenzaba a tontear con este curioso mundillo de la informática a los mandos de mi fiel C64, no me hacían falta ni libretitas ni papelajos de ningún tipo. Como sólo tenía 20 ó 30 juegos, me sabía de memoria todos los datos de cada uno. Desde mis records de puntuación (y hasta los de mi hermano; siempre estuve por delante de él, hasta que el tío descubrió el Gauntlet), hasta el número de vueltas que daba el Datassette para cargar cada cinta.
A estas alturas de la película es normal que ya casi no recuerde nada, pero
aún no se me ha borrado de la cabeza que este Super Pipeline era el number one
del cuajo monumental y la técnica (muy extendida en los juegos de Commodore de
principios de los 80) conocida como "¿cargador rápido? ¿pa qué?
¡menuda mariconada!".
El dichoso jueguecito empleaba cerca de un cuarto de hora en saludarte con una
alegre (y metálica) tonadilla y un par de simpáticas animaciones.
Je. Estos niñatos de hoy en día, con sus Pentium sotopocientos y sus cederroms
a no sé cuantasmil velocidades (a todo esto: menuda coña; los CDs y DVDs funcionan
a UNA sola velocidad... lo que se mide es cuántas veces más rápida que un lector
de compacts de música es ésta... no se habla de "marchas", como las
de un Fiat Punto, vamos), no saben lo que era aguardar durante varias eras geológicas
hasta que al plúmbeo viejo C64 le daba por digerir las 20 K mal contadas de
cualquier juego de la época. ¡Aquellos eran tiempos felices!
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Super Pipeline no sólo comparte con los juegos del 82 y el 83, su sistema de carga del Pleistoceno (empleaba el cargador que venía almacenado en la ROM del Commodore... ese que se limitaba a poner la pantalla de color azulito celeste durante algunos milenios), sino su originalidad, su sencillez y su nivel de adicción. |
No creáis que en los albores de la informática doméstica, todo eran marcianitos invasores y justicieros neptunianos mutantes.
¡Qué va! En este juego, encarnamos a un fontanero y su ayudante, con la única misión de garantizar que el agua fluya a través de una serie de tuberías, y llene un barril, con una cierta cantidad de litros en cada fase (empiezan siendo 1.000; luego, suben a 2.000, y así...).
Tenemos control sobre el que, digamos, es el "Pepe Gotera" de la parejita de chapuceros. El "Otilio" de la reunión nos sigue a todos lados, martillo dispuesto. Es de lo más útil, el pequeñajo regordete este. No sólo sirve para reparar los atascos en la tubería que ciertos hombrecillos repulsivos provocan al subir por unas escaleras hasta la plataforma amarilla que se ve en las capturas y que hace de techo de la pantalla, y caminar sobre uno de esos curiosos objetos azules con forma de "U" alargada. Cuando uno de ellos se desprende y se estampa contra la tubería, bloquea el paso del agua, así que hemos de guiar al enanito martillero hacia el lugar de la avería, para que él solo se encargue de repararla.
No sólo sirve para eso, os decía: además, el tío es un parachoques
cojonudo. ¿Que se os echa encima una de las siniestras langostas que a veces
merodean por la pantalla (y que sólo podemos abatir si logramos endiñarles un
disparo por toda la retaguardia)? Pues nada, nada, maniobrad para que el muy
ceporro se ponga en su camino, y los dos caerán fuera de la pantalla.
No hay problema, porque al momento, otro fontanero aparecerá en la esquina
superior izquierda de la pantalla, dispuesto a todo por su jefazo. La monda. Me
pregunto si un juego comparable, en la actualidad, no habría levantado una
polvareda macanuda, y despertado las iras ruidosísimas de todos los sindicatos
inventados y por inventar. ¡Ese empresario despiadado que deja que las fieras
se pongan como el quico con el pobre proletario! ¡Hay que joerse!
El chiquitajo tiene además una curiosa habilidad: inmediatamente después de reparar una avería, comenzará a parpadear en verde. Se ve que al muchacho le va eso de arrearle a lo que sea con el martillo y, una vez que empieza, le cuesta parar. Mientras siga en ese estado, quitará del medio a cualquier bichejo que se le acerque, reptando, por una tubería (exceptuando a las langostas, eso sí).
| En realidad, pese a que la mecánica del juego es bastante simple y, muchas veces, es bastante sencillo terminar una fase simplemente situándonos delante de la escalera morada por la que suben a todo trapo los hombrecillos coñazo o esa especie de asqueroso cruce entre araña y garrapata (fijaos en la captura de la derecha, por ejemplo), y disparando cada vez que alguno de ellos se nos ponga a tiro, lo cierto es que este Super Pipeline es de lo más entretenido. | ![]() |
La cosas se ponen verdaderamente interesantes cuando alguno de los malosos
se nos escapa, y consigue llegar hasta la plataforma amarilla; sobre todo si
es uno de los hombrecillos (las arañas-garrapata no tienen demasiado peligro;
pese a que corretean rápidamente sobre las tuberías, y nos quitarán una vida
si nos tocan, basta con endiñarles un buen tiro para derribarlas).
Pueden llegar a darse situaciones de verdadero caos (y ahí está la salsilla
del juego), cuando batallamos contra un atasco en la tubería, mientras otro
avieso enano nos arroja otro tapón, llueven las arañitas y una langosta merodea
por los alrededores, con unas intenciones la mar de deshonestas. Más aún si
la escalera por la que suben los malosos está protegida por barreras discontínuas
(en pantallas avanzadas, incluso se mueven cíclicamente, para lograr un porsaco
aún más efectivo) que detienen nuestros disparos. Unas risas. Y cacá, y cacá,
y riyendo y riyendo... ¡vamo! ¡uuun banquete de reí...! (¡madre! ¿pero qué puñetas
estoy diciendo? Mejor dejo de esnifar la salsa de las albóndigas, y me acuesto
ya).
↑ Lo mejor
* La música.
* Adictivo, original y divertido.



