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The Bard's Tale - Tales of the Unknown
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Cuando los recursos técnicos de los ordenadores no daban para mucho más que para gestionar información (nada de unos gráficos que no desmerecerían en la Capilla Sixtina y sonido que dejaría a la Filarmónica de Viena a la altura de una banda de simios meneando carracas), el primer género al que podían acogerse los pocos videojuegos que los inevitables chalados crearon más por amor al arte que por otra cosa, era el de las aventuras conversacionales y, a modo de rama o caso concreto de éste, el del rol computerizado. Y es que, curiosamente, el auge de la informática doméstica, con el empujón que supuso para la industria de los videojuegos (en realidad, más que empujón, yo diría tirón... el tirón que el tocólogo le da al nene para ayudarle a nacer; en aquel entonces, sencillamente, NO había industria de los videojuegos) coincidió en el tiempo con el lanzamiento de los primeros juegos de rol de mesa (como el clásico entre los clásicos, y conocido por todos los aficionados a tan interesante forma de entretenimiento: Dungeons & Dragons). Así que no es de extrañar que los pinitos de algunos de los que se convertirían más tarde en verdaderos magnates del mundillo, como el inefable Richard Garriott, tuvieran lugar en el terreno de las insulsas pantallas llenas de texto.
A principios de los 80, la mítica saga Ultima daba sus primeros pasos. Y creó toda una escuela. Muchos otros títulos del género siguieron sus métodos, su filosofía, y casi, casi su interfaz y sus gráficos (que, todo hay que decirlo, no evolucionaron DE VERDAD hasta la irrupción de los primeros PCs con capacidad para mover juegos -léase 286 rapiditos en adelante-). No mucho más tarde, otra empresa norteamericana, Electronic Arts, creaba su propia saga de títulos inspirados en la fantasía épica medieval, hija directa de la literatura de Tolkien: Bard's Tale. Fue acogida casi con el mismo entusiasmo, por los aficionados al rol informatizado (y eso que, en lo que al argumento se refiere, estaba a años-luz de desventaja, de las andanzas del Avatar, Lord British, y demás florida ralea).
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Y claro, como suele ocurrir en estos casos, basta con que uno tenga una idea aplaudida por el mercado, para que docenas más se afanen por seguir el mismo sendero, invirtiendo en ello el mismo esfuerzo y el mismo entusiasmo... que les requeriría tener una idea original ellos solitos. Pero no les critico. Es más, a veces, algunos de los imitadores acaban superando a los creadores. |
Y aunque quizás no sea el caso, no hay que olvidar la marabunta de títulos que surgieron al amparo del aspecto y la filosofía de la saga de The Bard's Tale.
Sin ir más lejos, casi todos los juegos de rol publicados por SSI (de la índole de Curse of the Azure Bonds, Champions of Krynn, y demás epopeyas a través de los Reinos Olvidados y sus arrabales), se parecen cantidad a la trilogía que inauguró el título que nos ocupa, a poco que uno preste algo de atención, y observe detenidamente la interfaz.
Estupendo, todo muy bonito, vale, pero ¿y de qué va este Bard's Tale? Bien;
hace un par de rengloncillos, os hablé de lo poco trabajado de los argumentos
de la saga. Se ve que el Bard no tenía muchos Tales que contar, y no le quedó
otra que recurrir a la clásica historieta (seguramente, ya era bastante vieja
hasta en el siglo XII) del hechicero esquizoide, ávido de poder, que sojuzga
a un poblado y a sus habitantes, y que se protege por miríadas de trampas, mazmorras,
catacumbas y batallones de criaturas rasposas, roncas, desagradables y envueltas
a perpetuidad en una tenue nube de olorcillo a queso Camembert en avanzado estado
de descomposición. El tirano hechicero, en esta ocasión, responde al nombre
de Mangar (otro de esos palabros pseudoexóticos que a los angloparlantes deben
de sonarles de maravilla, y a los hispanos y adláteres casi nos provoca la risa
floja... como el Nissan Pajero, igual), y la ciudad que languidece y se marchita
en sus garras feroces, se conoce, sorprendentemente, como ¡Skara Brae!
Ah, que ¿"sí, pues muy bien, como si me dices que se llama Unapaellapacuatro"?
A ver, os refresco la memoria a los roleros, e informo al resto: Skara Brae
es una de los pueblos de Britannia, en la saga Ultima.
Concretamente, a partir del cuarto episodio de la saga, cuando el héroe de otro
mundo (o sea, el jugador) se convierte en el Avatar, y establece el código de
las Siete Virtudes, se convierte en la Ciudad de la Espiritualidad.
En Ultima VII, la historia da uno de esos giros irónicos, con tanta mordacidad
y mala uva, que parece más propio de Dios que de un grupito de guionistas, y
en un terrible incendio que provoca accidentalmente su alquimista, mientras
intentaba fabricar una poción que expulsara al Lich que les aterrorizaba desde
un castillo, la isla entera en la que se asentaba la población, queda churruscadita
del todo, sumida en la oscuridad perpetua, y transmutada en una especie de enorme
cementerio por el que se pasean los espíritus atormentados de los antiguos habitantes.
Curiosa coincidencia esta, ¿no? El caso es que tiene explicación... hace un
tiempo la supe, pero me temo que a estas alturas de la película, la he traspapelado,
y ya no sé en qué polvoriento rincón de mi agitada cabecita la he puesto. Pero
por lo que creo recordar, tenía algo que ver con un nombre antiguo... quizás
el de Escocia, o algo por el estilo.
Bueno, da lo mismo. Nadie se va a parar a filosofar sobre la etimología de
semejante nombre mientras avanza con su grupo de curtidos aventureros a través
de una lúgubre covacha llena de morgaños mutantes y langostos asesinos, ¿no?
Y hablando del grupito de aventureros: al igual que en la aplastante mayoría
de los juegos de rol por ordenador de la época, cuando empezamos una partida,
se nos conmina a crear una cuadrilla de aguerridos y valerosos hurgadores-en-guarida-ajena,
eligiendo su raza (están las de siempre: Humano, Elfo, Hobbit... con el simpático
añadido del Semi-Orco, un medio engendro, medio maloliente, medio feo, medio
verrugoso, medio halitoso y medio aerofágico... un medio asco de criatura, vaya),
su profesión (idem: Guerrero, Paladín... con otro par de aderezos poco usuales,
como cuatro clases de magos distintos, en función del objetivo de sus sortilegios,
y ¿cómo no? el Bardo, una especie de cruce entre guerrero y hechicero, capaz
de afectar profundamente al prójimo con sus canciones, y que a juzgar por lo
que proclama el manual, es una de las clases de personajes más importantes...
de ahí que el juego no se llame Bombere Torere's Tale, ¿no?), y determinando
(aleatoriamente, en realidad), sus atributos... fuerza, inteligencia... y otra
novedad nada corriente aquí: ¡suerte! Menudo parámetro raro.
| Cuando tengamos todo dispuesto, podremos aventurarnos a través de las callejas de Skara Brae que, como en todo poblacho de historieta de fantasía medieval que se precie, están absolutamente infestaditas de cacos que se desenvuelven, como Pedro por su casa, a plena luz del día, acuchillando a los probos ciudadanos con la naturalidad del que anda por el barrio paseando al perro. | ![]() |
... ahora que lo pienso... no, no es algo especialmente propio de cualquier historieta de fantasía medieval que se precie.
El caso es que tenéis que estar preparados para empezar a repartir estopa prácticamente
desde el principio. Los combates son una regla, más que una excepción (y, si
queréis mi humilde opinión, prefiero que, en los juegos de este género, darnos
de mandobles con recuas de duendecillos carnívoros jorobados, sea una cosa más
bien excepcional; si no, se corre el riesgo de que la aventura se transforte
en una verdadera escabechina que, si la interfaz de usuario y el método elegido
para controlar al grupo protagonista no lo impiden -y no suelen impedirlo-,
desvirtúan bastante el género). Hombre, tampoco os estoy diciendo que uno le
pegue una patada a un pedrusco, y de debajo broten catorce barbudos enloquecidos,
esgrimiendo cachiporras con clavos atravesados y todo, sino que uno no esperaría
que, mientras recorre las calles y plazas de Skara Brae, comprando equipo para
sus huestes, entrenando a sus guerreros, hablando con sabios y autoridades...
a cada esquina le esté aguardando una comitiva de bandidos disfrazados de malo
de película de Bruce Lee. Normalmente, los encontronazos con indeseables suelen,
en los juegos de este tipo, reservarse para las mazmorras y, con un poco menos
de frecuencia, para los paseos por el campo.
Es que, desde mi (modesto, insisto) punto de vista, restan realismo a la experiencia.
Sí, está claro que pasear por una versión reducida de Stratford-Upon-Avon durante
los años mozos de Shakespeare, sólo que poblada por individuos de tez verde-moco
y orejas puntiagudas, y sobrevolada ocasionalmente por alguna que otra culebra
colosal con alas de murciélago, no es lo que se puede considerar como lo más
realista del Mundo... pero un cierto grado de coherencia y credibilidad siempre
contribuyen a facilitar la inmersión del jugador en el mini-Cosmos que se desenvuelve
delante de él. Y eso de que, entre campesinos, artesanos, monjes, buhoneros
y mercaderes, irrumpa cada 10 minutos una pandilla de bárbaros sanguinarios
que, además, enfile directamente a tu grupo, mientras el resto de la ciudadanía
sigue a lo suyo como si aquello fuera lo más normal (aunque lo cierto es que,
a juzgar por la frecuencia con la que sucede, casi lo más creíble es que nadie
haga ni puñetero caso a la sangrienta refriega), personalmente me pone más difícil
lo de "creerme la fantasía".
A pesar de los pesares, Bard's Tale es verdaderamente interesante, y el hecho
de que se desarrolle con una vista subjetiva (aunque ésta no ocupe más que una
ventanita tamaño sello con gráficos que no van mucho más allá de lo
esquemático), muy parecida a la de los juegos de rol de SSI, contribuye a la
inmersión del jugador.
Los combates están basados en turnos. Primero, uno de los bandos propina los
zarpazos, coces, dentelladas, cachiporrazos y estocadas que sea menester. Y
después, los que queden en pie en el opuesto, responden en consecuencia (y si
se tercia, y hay hechiceros entre ellos, podrán recurrir a algún que otro
sortilegio tipo incinérame-a-este-payaso-YA).
Ah, una cosa más: ¿os gusta cartografiar los videojuegos? Si es así, estáis de enhorabuena. Bard's Tale es de esos títulos que son casi insolubles sin, una de dos: una memoria sobrehumana, o una buena libreta y un lápiz. Y ¿sabéis qué? ¡Me encantan los juegos así!
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La mayor parte de la pantalla está ocupada por texto. Ya sabéis: las inevitables descripciones de la situación, de los lugares en los que husmeamos, las conversaciones de los personajes no jugadores (como dicen los entendidos), las estadísticas de los que integran nuestro grupo (los clásicos "puntos de vida", "clase de armadura", y demás historias). |
Los pocos gráficos que aparecen, pueden verse en esa ventanita escuálida de la esquina superior izquierda del área de juego. Y tampoco son gran cosa, aunque hay que reconocer el mérito de que, a pesar de su reducido tamaño, son lo bastante expresivos como para conseguir esa inmersión del jugador, de la que tanto os hablo.
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Poca cosa. Poquísima. Cuatro tonadillas metálicas y vibrantes, como proferidas por el altavoz de un PC de la época (1985, ni más ni menos), y algún que otro bufidillo puntual o gorgorito aislado. |
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Hay quien asegura que la saga Bard's Tale la integran los mejores juegos de rol de la era del C64. Estoy, humildemente, en desacuerdo. Para mí, no hay serie como la de los Ultima. Aún así, reconozco que estamos ante un verdadero clásico, y que pese a sus puntos débiles, resulta más que interesante. |
| * Un RPG clásico. * Frecuentes toques de humor inteligente. |
* Sonido estridente, escaso y hojalatesco. * La historia es un poquito escuálida. * Quizás hay demasiados combates. |