Olli & Lissa 3 - Candlelight Adventure
Género: Plataformas / Aventura Música: No tiene
Desarrollado por: Cartoon Time Año: 1990
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Me vais a permitir empezar esta ficha mencionando una vez más (y van...) a mis vecinos spectrumneros. Como buen commodorero, guardo unos recuerdos maravillosos de los muchos ratos que pasé delante de mi maquinita, ya fuera solo, con amiguetes, o con el bueno de mi hermano. Pero tampoco puedo olvidarme de aquel esotérico cachivache con la apariencia de una calculadora a lo bestia (teclitas de goma blanda incluídas), sus místicos chirridos cuando tratábamos de que cargara alguna cinta (los que tuvimos un C64 nos quejaremos de la lentitud y del precio del Datassette... pero al menos con él conseguíamos que los juegos funcionaran casi siempre, como dice Burpy) y sus arcanos y vagamente melódicos zumbidos de cigarra electrónica que servían de banda sonora a Everyone's a Wally, Jet Pac, Panama Joe y demás enternecedores cumulenos antediluvianos de bytes.

Le tomé mucho cariño al Spectrum. No os lo voy a negar. Nunca participé en esa simpática rivalidad entre los que eran dueños del buque insignia de la compañía de Jack Tramiel y los que contaban con el de la de Sir Clive Sinclair. Alguna vez, en el patio del cole, algún nene absurdo proclamaba que el Speccy era mejor que el C64 porque -y cito textualmente- "tiene cuarenta y ocho kas". En aquella época, lo de "kas" no significaba para mí mucho más que una marca de refrescos de segunda fila. De todos modos, tuve los arrestos de inventarme una réplica, sin saber de qué estaba hablando, aunque, miren ustedes qué bien, resultó ser correcta: "¡Y el Commodore tiene sesenta y cuatro!". El nene pelanas y escuchimizado (no recuerdo mucho de él, salvo que se parecía a "Peloto", el chivato repelente de la clase, en los tebeos de Zipi y Zape) no tenía otra que mantener su medio mueca de ingenua superioridad (para que no se le notara la colleja moral que acababa de encajar) y simplemente musitar "no", antes de hacer mutis por el foro.

Al margen de trivialidades como esta, lo cierto es que nunca participé (al menos, que yo recuerde) en debates entre commodoreros, amstradneros, spectrumneros y demás alegre y muy minoritaria (en los 80 y en mi terruño, lo éramos) ralea, por ver cuál era el mejor.

El enconado asedio de los boniatos mutantes y coprófagos de Neptuno Insisto, siempre le tuve un cariño especial al Speccy. Quizás eso explica por qué muchas veces, cuando veo un juego de commo poblado de criaturitas muy bien definidas (aunque monocolores) que se menean alegres e inquietas sobre escenarios de colores brillantes (aunque escasos), me llame tanto la atención. Porque parecen escapados de cualquier teclitas-de-goma. Precisamente. 

Ah, ¿que ya os habíais dado cuenta? Qué audiencia más lista tengo, cohone.

Pues sí, hijos míos, sí, lo primero que me llamó la atención de este Olli & Lissa 3, fue su aspecto de estupenda aventura espectrumnera. Ojo, que uno es un fiel seguidor de VICs, SIDs y demás estupendos ingenios, y el hecho de que un juego de nuestra maquinita pudiera hacerse pasar perfectamente por uno de los del clan del "load-comillas-comillas" (anda que no escuché yo veces eso; era como un "abracadabra"... casi tanto como otras místicas palabrejas como "interface" -pronúnciese tal y como se lee- "lloistic kempston" o "randomizar", que según algunos spectrumneros, era lo que le pasaba al ordenador cuando se reiniciaba solo a causa de algún error morrocotudo; a mí lo de "randomizar", por alguna de mis extrañísimas y cuasipsicóticas asociaciones de ideas casi inconscientes, me sonaba a una mezcla de medicamento y parrilla; aspirina frita, vamos... un patazo de lo más divertido por parte de los que usaban tamaña expresionceja con la ingenua soberbia del que ha "aprendido informática" siguiendo puntual y fielmente alguna colección de fascículos de venta en los quioscos y que, en realidad, significa "generar números aleatorios"; como podéis ver, acertaron de lleno) (toma paréntesis kilométrico), esto... ¿por dónde iba? ¡ah, sí! (no, no me he acordado de golpe; me he ido a leer lo que estaba escribiendo antes del paréntesis), que a pesar de las simpatías que guardaba yo hacia el Speccy, el hecho de que un juego de C64 pareciera parido por la máquina de mister Sinclair no era garantía de que me iba a gustar. De hecho, generalmente ocurría al contrario. Me aburrían soberanamente. Acostumbrado a ver a sprites y scrolles deslizarse por la pantalla con una suavidad tal que parecían objetos reales, acostumbrado a mis 16 colorines y a los alegres gorgoritos del SID, encontrarme con macanas de la índole del Freddy Hardest en Manhattan Sur hacían que se me acabaran saltando las lágrimas de tanto bostezar.

En realidad, lo que me gustaba de los juegos "espectrumnizados" era la definición de los gráficos. Pero, por favor, que no me quitaran mis escrols (hoy me ha dado por transcribir las palabras inglesas literalmente; cada día una pollez nueva), mis espraits (¿no os digo?) y mi estupenda musiquilla, que me desvirtuaban al Commo. Por eso, cuando alguien adaptaba un éxito del especsi (¡y dale!) retocándolo lo suficiente como para conseguir que los personajes flotaran por la pantalla con la suavidad que les suponía y cuando no humillaban al Sound Interface Device (perdón: saun interfeis divais) obligándole a proferir leves pedorretas mil, la cosa ganaba mucho. Fijaos en el Starquake (¿quise decir estarcueic?). Hasta se permitieron el lujo de darle tres colores al protagonista.

Así que, repito, lo primero que me llamó la atención de esta curiosa aventurita que nos ocupa fue precisamente que me recordó a los primeros videojuegos que vi en casa de mis sempiternos, ubicuos y omnipresentes vecinos spectrumneros. Tiempos aquellos.

-¿Y por qué "Olli & Lissa 3"? 
-Pues porque es la tercera parte de una serie.
-Ya, capullo, ya, pero ¿por qué has decidido comentar sólo la tercera?
-Ah, usted perdone, su ilustrísima. Pues porque el primero tira a castaña pilonga revenía y el segundo no se lanzó para Commo, creo. Vamos, es tan raro que hay usuarios de Speccy que aseguran lo mismo de su versión. ¿Se ha quedado usted contento? Mamonazo.
-Cretino.
-Soplaguindas.
-Baboso.
-Tonto'l culo.
-¿A que te meto dos yoyas?
...

Pues sí. Olli & Lissa 3 se desarrolla en el Castillo de Shilmoore, el mismo en el que tiene lugar la primera entrega de la serie. Los dos protagonistas, que como todos ustedes, haciendo uso de sus semidivinas capacidades de deducción y su prodigiosa inteligencia, habrán deducido, se llaman Olli, uno de ellos y Lissa, el otro. O la otra, más bien. Bueno, en la portada aparecen dos perros, tomaditos de la mano (porque si digo "una perra y un perro cogidos de la mano", igual se me mean de risa los argentinos que frecuentan esta página -saludos para allá-). El que se supone que hace de Olli va vestido de hortera del siglo XVIII (¿qué pasa, que no había horteras en aquel entonces?) y la muy perra anda enfundada en una especie de tutú horrendo. Cualquier parecido entre semejante pareja y los engendros que protagonizan este videojuego, no sólo debe de ser coincidencia, sino consecuencia más que probable de una lesión cerebral irreversible del observador.

Para empezar, Lissa ni aparece. Al menos, yo no la he visto despuntar por ningún lado con su vestidito a medio camino entre bailarina del Bolsoi y putón desorejado. Sólo sabremos de ella por medio de unos mensajitos garrapateados en notas con el membrete del Castillo de Shilmoore y que hacen las veces de pantallas de información. Y Olli recuerda más a un boniato con patas que a un fox-terrier. ¿Qué queréis que os diga?

Bueno, entonces tenemos un tubérculo gesticulante, una perra sadomasoquista invisible y un castillo lleno de lámparas de araña, estatuas victorianas, peceras y ordenadores.

¿Falta algo para concluir, con toda seguridad, que estamos ante un videojuego como cualquier otro? Pues sí: un coche.

Un coche roto en minúsculos pedacitos desperdigados por todo el mapa y que Olli debe reconstruir. Sí, claro, lo sensato sería llevarlo a un taller, pero si fuerais mecánicos y un día os llegara una berenjena histérica a bordo de un Ferrari, ¿qué haríais? ¿huir despavoridos? ¿cortar al sonriente interfecto en finas rodajas, sofreírlo primorosamente rebozado en harina y quedaros con su buga? ¿A que dan ganas de usarlo de guarnición de un filete?

Bueno, pues nuestra misión es guiar a Olli a través del castillo, buscando las piezas de un deportivo espectacular, o de una encantadora tartana del año de la indómita y egregia Catapita (algún día tengo que buscar en algún sitio información sobre la tal Catapita; igual existió y todo), a elegir al principio de la aventura. Lo primero que necesitamos es una lupa. Seguro que hay, como mínimo, tantas como piezas del cochecito leré (por cierto, dispuestas en lugares diferentes según el coche que elijamos y su color -también seleccionable de entre cuatro posibles-). Sólo con ella podremos encontrar los pedacitos. Bueno, matizo esto: sólo con ella podrá nuestro tubérculo mutante encontrar los pedacitos. Nosotros los tenemos bien a la vista: aparecen como pequeños cuadrados parpadeantes. El asunto consiste en situar a Olli sobre él y mover la palanca del joystick hacia abajo para que rebusque con la lupa.

La cosa no termina aquí: una vez que tengamos la pieza, hemos de buscar una llave inglesa (que, curiosamente, en inglés se llama "wrench") (no sé si captáis la gilipollez) y poner rumbo al garaje para colocar el trozo donde le corresponde. No os preocupéis, en contra de lo que... seguramente nadie en su sano juicio en todo el planeta Tierra habría pensado así-que-no-sé-por-qué-escribo-esta-cretinez-de-chiste ... no os hará falta tener el título de Ingeniería Industrial (especialidad en automoción) para ello: en el garaje veréis la silueta del cachivache, y la pieza irá a situarse, ella solita, al sitio correcto. Mira tú qué bien. Una vez terminada la operación, ¡vuelta a empezar!

Olli & Lissa 3 tiene como subtítulo "Candlelight Adventure". Más de lo primero que de lo segundo. Candlelights (disculpadme, quería decir candel-laits), todas las que queráis. Resulta que nuestro turberculíneo héroe tiene que llevar una vela encendida en todo momento. Si se le consume, la partida terminará, así que de vez en cuando no os olvidéis de pasar por una pantalla en la que podáis encontrar una de ellas.

De lo segundo, o sea, de lo de Adventure (o más correctamente, advencha), poquito. En realidad, el juego recuerda más al Starquake que, digamos, al Herbert's Dummy Run. Salvo por el hecho de que nuestra heroica pomme-de-terre no va por ahí vaporizando a los engendros que se materializan en la pantalla. Vaya, que Olli no tiene ningún láser de positrones a mano, así que lo único que podemos hacer con las criaturitas que revolotean aquí y allá, es esquivarlas, como el dios de las batatas saltimbanquis nos dé a entender. Y en realidad, de enigmas, acertijos y misterios surtidos, tendremos una dosis más bien exigua. El juego es más un tranquilo plataformero con un bonito y extenso mapa salpicado de objetos de uso obvio, que un enrevesado cumuleno de puzzles diabólicos.

De hecho, en el panel de la parte inferior de la pantalla siempre veréis los mismos chismes: la vela, la llave inglesa, la lupa... Y ya que estamos, os cuento para qué sirven el resto de las "casillas". Sobre el corazoncito palpitante no me preguntéis... la verdad es que no tengo muy claro si es algo más que un adorno (pa mí que no). En los tres recuadros inmediatamente a la derecha de éste, aparecen las vidas que nos restan (o una especie de asterisco cuando hemos perdido alguna). Podemos recuperarlas recogiendo las extras que encontraremos en algunas pantallas.

Y justo a la izquierda del cuadro que contiene un reloj que marca el tiempo que nos queda (relativamente holgado, aunque no lo suficiente como para que a un servidor de ustedes no le fastidie; ya sabéis lo que suele molestarme jugar contra reloj; vaya, en realidad, me suele molestar hacer casi cualquier cosa contra reloj), podréis ver un mini esquema (si no tenéis más de 2 ó 3 dioptrías, porque el condenado se las trae) en el que se representa la altura, dentro del castillo, de la pantalla en la que estamos. Evidentemente, el garaje está abajo del todo, en el sótano.

 
 
Como los del Speccy en sus mejores momentos. Bien definidos, agradables, bonitos... este es de esos juegos que da gusto mirar, especialmente los escenarios, con pantallas verdaderamente vistosas. El sprite del protagonista está muy bien definido y estupendamente animado.

Gesticula, sonríe, se queja y hasta habla por teléfono. Todo un mérito para una berza con pies. Eso sí, es monocolor, igual que el resto de los personajes con los que nos toparemos y que son quizás lo más flojito visualmente, por su tamaño (minúsculo).

Sólo hay efectos de sonido, que cumplen con creces con el expediente. Sin embargo, quizás se eche de menos una musiquilla por algún lado; más aún si tenemos en cuenta que estamos ante un juego de 1990.

A primera vista, Olli & Lissa 3 me pareció una ñoñez resultona con aires de aventura clásica de Speccy. Y a segunda, me di cuenta de que es uno de los juegos más simpáticos y adictivos con los que me he tropezado últimamente. Que no es moco de pavo.


Jugable, con el grado de dificultad justa, un mapa grande formado por multitud de pantallas verdaderamente agradables a la vista y un protagonista tontainas y capullesco a más no poder, pero estupendamente dibujado y animado y muy expresivo.

* Gráficos muy agradables.
* Simpático, adictivo, jugable...
* No habría estado de más alguna que otra musiquilla.