Slurpy
Género: Arcade Música: No tiene
Desarrollado por: Random Games and Easyware Año: 1984
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La primera vez que vi un emulador de Commodore fue allá por el año 1994 (un muy feliz año, por cierto). Creo recordar que se trataba de una beta del C64S. Y ¿os podéis creer que no me llamó la atención? El problema es que, por aquel entonces, no tenía acceso a Inet. (Bueno, ni yo ni la práctica totalidad de la gente, en España), y junto a aquella curiosidad, que creo que distribuía alguna revistilla de Informática, sólo venían un par de juegos simplísimos y antediluvianos, que yo ni siquiera conocía.

Cuando, un par de años después, tuve acceso a la Red, y cierto día me dio por teclear "C64" en el único motor de búsqueda que se empleaba entonces (el Yahoo), me encontré con sotopocientas páginas dedicadas a nuestra maquinita. Y ¡montones de juegos! (babeo desaforado estilo Homer Simpson).

Las ventajas de los emuladores se hicieron evidentes. No sólo le permitía a uno jugar a aquellos clasicazos, después de 10 ó 15 años, sino que ¡por fin! podía tener todos los jueguecitos que no había podido encontrar en la vida. Como el Staff of Karnath. Anduve detrás de él no recuerdo ni cuanto tiempo. En aquella época, no había manera de encontrar "combustible" para el Datassette, y menos en mi ciudad.

Hay que tener mucha hambre para tragarse semejante repugnancia Pero además, pude recuperar juegos que tuve en mis tiempos, pero que no funcionaban ni a patadas. Como el Star Paws, o este Slurpy. Creedme que era una verdadera jodienda, cuando tras mucho buscar algún título concreto, resultaba que no cargaba ni muerto de risa.

Me pasó con el Daley Thompson's Decathlon, y me llevé un sofocón tremebundo; era una faena de las gordas... ¡con lo difícil que era encontrar, a principios de los 80, juegos de Commodore en Badajoz, y para una vez que dabas con uno, la cinta estaba hecha migas! No me extraña: recuerdo que la primera copia que conseguí de aquel juego (que luego resultó más bien mediocre, mucho más flojo que la versión de Speccy) lucía en el escaparate de una tienda, resistiendo (imagino que bastante mal) la implacable solanera del verano extremeño. Hay que fastidiarse. 

La primera vez que vi este Slurpy fue en un anuncio de la revista Commodore Magazine. No es que me llamara la atención especialmente. En realidad, no me la llamaron ni él ni ningún otro de los títulos que se anunciaban. En aquel entonces, no sé por qué, no se incluían fotos de los juegos en su publicidad. ¿Es que no existía la tecnología necesaria para coger una cámara y apretar el botoncito delante de la pantalla? No creo que fuera tan difícil, en serio. Pero es curioso: tenías que conformarte con la portada, y punto. Cómo han cambiado las cosas, ¿eh?

Slurpy es un juego verdaderamente original. Está protagonizado por un curioso bichejo flotante que esgrime una trompa con la que succiona a los bichitos que pueblan una serie de cavernas. El único objetivo del juego es llegar lo más lejos posible, acumulando la mayor cantidad de puntos.

Cada pantalla termina cuando todas las estalactitas de la gruta se han desprendido. En cierto modo, funcionan como un temporizador. Cada pocos segundos, un fragmento del techo de la cueva se nos vendrá encima (ojo, porque si pillan a nuestro simpático engendro, lo desinflarán eficazmente).

Mientras tanto, multitud de puntitos volantes (según las breves instrucciones que ofrece el juego, son luciérnagas) se desplazan más o menos erráticamente, por la pantalla.

Absorberlos es muy sencillo: si os fijáis en la captura de arriba, Slurpy parece emitir un halo ante su curiosa trompa. Tenemos que maniobrar para que nuestra pretendida víctima caiga dentro de esa nubecilla. ¿Resultado? Mirad la foto de abajo.

Pero, claro, el juego no consiste únicamente en revolotear por cuevas que ocupan una sola pantalla que, además, está prácticamente vacía. Hay bastantes peligros, aparte del que supone el desprendimiento de pedazos del techo. ¡Mmmm! ¡Una tapita de bicho de las cavernaas!

Para empezar, las luciérnagas son mutantes. Cambian de color con el tiempo, y en función del que tengan, nos afectarán de una forma u otra cuando las absorbamos.

Las azules son inocuas, y sólo sirven para darnos puntos.

Las marrones otorgan un nivel de energía a Slurpy, de modo que si sufre el ataque de alguno de los bichejos del subterráneo, en lugar de perder una vida, volverá al estado original.

Y las rojas, ¡ojo! ¡son tóxicas! Lo curioso es que nuestro extraño engendrito (es de esos bichos que, si fueran reales, me darían ganas de diseccionarlo, para ver cómo es por dentro... supongo que tengo madera de biólogo... o de extraterrestre, de esos que abducen a los garrulos de Kansas, y les hacen toda suerte de perrerías cósmicas -como los usen para medir la inteligencia de la Especie Humana, vamos a quedar a la altura del betún-) puede escupirlas antes de tragárselas (lo que, de ocurrir, le llevaría a perder una vida). Simplemente, pulsad el botón de disparo cuando Slurpy esté succionando uno de estos insectillos, y adquiera un alarmante tono colorado.

Además, conforme el juego avance, y si hacemos las cosas bien, nos toparemos con otros habitantes de las cavernas. Desde bichillos como el que podéis ver en la primera captura, hasta calaveras flotantes. Todos son comestibles para Slurpy (excepto dos: una pequeña criatura roja con una apariencia similar a la de una estrella de mar, y unos grandes ojos voladores), pero cuidado: si te abalanzas sobre alguno de ellos, tienes que tratar de envolverlo con el halo que se extiende ante la trompa de Slurpy. Si uno de los bichos grandes te toca, perderás una vida.

 
 

Están en alta resolución, pero son tremendamente simples. El escenario es, principalmente, una pantalla negra. No se puede decir que los contornos irregulares del techo y las paredes, contribuyan a darle mucha variedad. Los personajes son simpáticos (especialmente, Slurpy), aunque, salvo el protagonista, son todos monocolores.

Alguna que otra tonadilla más simple que un bocata de pan rallao, y unos cuantos efectos de sonido adecuados.

Aunque técnicamente es bastante mediocre (incluso para tratarse de un juego de 1984), lo cierto es que Slurpy es un juego adictivo y simpático. Eso sí: padece el mismo problema que casi todos los títulos de aquella época, y es que no tarda en hacerse repetitivo.

* Simpático y adictivo. * No tarda en hacerse repetitivo.