Portada de Stop The Express

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Stop The Express

GéneroSalta y corre
Desarrollado porHudson Soft Co. Ltd. / Commodore
MúsicaNo tiene
Año1984
Veredicto originalMola
Valoración7/ 10
Gráficos
7
Sonido
5

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

¿Por qué los anglosajones le ven tanta gracia a eso de las persecuciones sobre un tren en marcha? No, si no digo que no sea emocionante; simplemente, es curiosidad. Me llama la atención. 

Pero es que este Stop Express no es el único juego de C64 que yo recuerde, en el que precisamente la acción se desarrolla sobre los vagones de un expreso que recorre los raíles a toda velocidad, mientras un grupo de malosos nos persiguen, furibundos. Acordaos del Express Raider o el Mountie Mick's Deathride.

Este que nos ocupa, fue uno de esos títulos que descubrí en casa de alguno de mis amigos spectrumneros, me encantó y deseé que algún día saliera para C64. Con el Skool Daze tuve suerte. Me pasó precisamente eso, y conseguí localizarlo (en Inglaterra, claro), algunos años después de verlo por primera vez.

Con este Stop Express, no. De hecho, incluso me olvidé de él, hasta que me lo encontré en Inet. ¡Oh sorpresa! Estaba ante una de esas escasas conversiones de Speccy a C64, que conservaban todo el encanto de la versión original, y añadían un par de toques específicos de nuestra maquinita. No hay muchas, no.

La cosa es sencilla: un helicóptero nos deposita en el último vagón de un tren que avanza a través de la noche. Tenemos que corretear, saltar y esquivar toda suerte de peligros, hasta alcanzar la locomotora, y detenerla.

¡Gamberros! ¡Me quejaré al revisor! Digo yo, ya puestos, el celebérrimo helicóptero podría dejarnos justo sobre la máquina tractora, ¿no? (sí: es una pregunta capullesca, absurda y con el único fin de llenar espacio; evidentemente, si hiciera eso, ¡menuda diversión!).

Los trenes tienen 20 vagones (al menos, los dos que he visto hasta ahora, aunque tengo sólidos motivos para sospechar que ocurre con todos, y es que estamos ante el típico juego de, poco más o menos, el Neolítico, que, una vez que lo terminas, se repite de nuevo, aunque con un poquillo más de dificultad), y las etapas se dividen en dos partes, cada una ubicada en 10 de éstos.

La primera parte de cada fase, se desarrolla sobre los 10 vagones de cola, mientras nuestro curioso protagonista (más bien parece un niño feliz y contento, saltando grácilmente, que un héroe dispuesto a arriesgar el pellejo por detener un tren -no sé con qué motivo, por cierto-) trata de mantener las distancias con respecto a un grupo de macarras con tupé, densas patillucas, y ceño torvo y fruncido, que tratan de agujerearle, lanzándole cuchillos.

La verdad es que la acción es bastante emocionante. Los malos corren exactamente a la misma velocidad que nuestro protagonista, así que deberían mantenerse siempre a la misma distancia, pero cada vez que nosotros tengamos que detenernos (por ejemplo, al agacharnos para esquivar los puñales que nos arrojan, o mientras esperamos a que el tren pase por debajo de una especie de arco metálico -antes de llegar, un letrero nos avisa, en pantalla, para evitar que el protagonista se dé una tremenda morrada contra él, al intentar saltar el espacio entre dos vagones-), se nos acercarán un poco.

Hay dos maneras de poner tierra de por medio: procurar pararnos lo menos posible, de modo que aumentemos la distancia
cuando ellos tengan que hacerlo para tirarnos un cuchillo, o lanzarles un avieso pajarraco que los tire del tren. Sí, es algo muy curioso: de vez en cuando veréis cómo el tren pasa bajo un pajarillo bastante feo, que revolotea torpemente. Si saltamos hacia él, nos lo guardaremos, y sólo tendremos que pulsar fuego cuando las cosas se pongan calentitas, para que el simpático bichejo salga correteando sobre el techo de los vagones, en dirección a los macarras y los derribe. Muy útil.

Cuando alcancemos el final del decimoprimer vagón, comenzará la segunda parte de la fase. Ésta se desarrolla en el interior del tren, donde las cosas se ponen verdaderamente... extrañas.

En lugar de asientos, compartimentos o literas, encontraremos grandes espacios vacíos, y una barra, cerca del techo, de la que cuelgan una serie de asideros. Más parece un autobús urbano que un tren. Qué pasajeros más raritos...

Esas agarraderas sirven para que nuestro protagonista se sostenga si conseguimos saltar entre dos de ellas. Así, quedará fuera del alcance de cualquier malo que camine por el vagón, esgrimiendo un puñal. Si, cuando uno de ellos pase bajo nosotros, le caemos encima, lo quitaremos de la circulación.

Pero, por supuesto, no iba a ser todo tan fácil, y los asideros están "patrullados" por una especie de fantasmón con un único y descomunal ojo, que flota erráticamente a derecha e izquierda. Pueden llegar a ser un verdadero engorro; especialmente si tenemos en cuenta que la única manera de esquivar a los macarras, en esta parte del tren, es saltándolos, lo que implica un riesgo evidente de comernos con patatas a la extraña criatura.

En el último vagón, una llave nos aguarda entre los asideros que cuelgan de la barra, mientras uno de esos espectrales engendros levita a sus anchas, y una especie de ... dee... erm... bueno, de... ¡jopé! ¡ni idea, no sé lo que es!... (aunque parece el pomo de una puerta, sólo que es más grande que el protagonista) rebota desaforadamente por el interior del vagón. No tenemos más que recoger la llave, de un brinco, y entrar en la locomotora, para detenerla y completar el nivel.
Entonces... ¿cómo no? el juego comenzará de nuevo, aunque con algo más de dificultad (por ejemplo: tres malosos persiguiéndonos por el techo de los vagones, en lugar de dos).

Lo mejor

* Gráficos sencillos, pero muy efectivos. Los personajes son expresivos y simpáticos.
* Enormemente adictivo.

Lo peor

* Que todas las fases son prácticamente idénticas. Sólo cambia la dificultad y poca cosa más.