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Budokan - The Martial Arts Spirit
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Con lo tonto que estoy últimamente, mira que podría sacar petróleo de un
juego así. Mira que podría empezar yéndome por peteneras tan ricamente, con
la excusa de vaya usted a saber qué tenues afinidades con la cultura nipona que
uno tiene o alguna otra gilipollez de calibre comparable. O incluso mayor.
Puestos a escribir memeces estridentes, pocos me superan. Bueno, sí, me
superan, y con mucha diferencia (me sacan varias cabezas y tres o cuatro pares
de cuernos retorcidos) los que escriben imbecilidades, pero lo hacen como si
estuvieran hablando en serio. No sé si me explico.
Acabo de quedar como un rey con una vaguedad como esa. Cada uno que lo aplique
a quien más rabia le dé y todos tan amigos. Nada como fingir que uno se moja,
pero sin mojarse del todo, a la Fraga en Palomares, para quedar bien con todo
el personal. Cómo se nota mi ascendencia gallega, jejeje...
Lo dicho. Mira que podría llenar catorce párrafos con comentarios, a cuál más cretinoide, sobre el señor bigotudo y enlatado que, en la portada, esgrime una katana con más bien pocas ganas de hacerse amigo de nadie. Mira que incluso, y ya puestos, sería capaz de desparramar sobre medio comentario toda suerte de panfileces y pavadas con un lejanísimo soniquete de orgullo patrio, acerca de que, ¡oh sorpresa! la versión para C64 de este juego, comercializado originalmente en 1989, si no me equivoco, en los USA, y a cargo de una compañía tan emblemática y mítica en el mundillo como Electronic Arts, corrió a cargo de dos españolitos. Sí señor, como leen ustedes.
Pero no. Uno tiene que ser original contra viento y marea. No por redactar las fichas más fardonas a este lado del Río Grande, sino porque de otro modo, me aburriría cosa mala.
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Llevo un rato releyendo los comentarios que escribía en los comienzos de esta sección y... en fin... tengo que daros las gracias, sinceramente, a los que lleváis soportando mis desvaríos desde entonces. ¿De verdad os gustaban? Porque a mí me parecen absolutamente ñoños. Es más: tienen unos repuntes de cursilería que hacen que me den ganas de darme dos yoyas a mí mismo. Puaj. |
Voy a ser original, pero porque creo que proclamar las excelencias de los programadores españoles de Commodore 64, utilizando este juego como prueba fehaciente de sus habilidades, no sólo sería una forma previsible y aburrida de construir la introducción de esta ficha... además, sería incorrecta.
Es que el enfoque no sería el adecuado. Habría que centrarse más bien en, precisamente, la sorpresa que la mayoría de los commodoreros (por no decir la práctica totalidad) nos llevamos cuando nos enteramos que esta pequeña joya patrocinada por el legendario Ray Tobey (uno de los mandamases de Electronic Arts en aquellos tiempos remotos y diseñador, entre otras maravillas, del Skyfox) había cobrado vida, en su versión para la inolvidable "breadbin", de la mano de Pablo Toledo y Johnny. Que no os despiste el seudónimo: "Johnny" no era el verdadero nombre de... de... bueno, del otro chaval, aparte de maese Toledo. Tendré que hablar con mi amiguete Javi "Ommadawn" alias Hergest (otro de los clásicos de la época en la que el C64 estaba en su apogeo en España, o sea, como subido a lo alto de un taburete) para que me refresque la memoria. Él aún mantiene contacto con algunas de las viejas glorias hispalenses (esta sí que ha sido una buena cursilería, ñoñérrima y hasta empalagosa; esperad, que me voy a endiñar a mí mismo un cocotazo contra el pico de la mesa, por predecible y soso) de la era de los 8 bits. O sea, que poco más o menos, todos vinimos a pensar algo como: "¿Que el Budokan de Commodore lo han hecho dos españoles? ¡Amos, anda!".
Pues sí. Lo hicieron dos españoles.
Ya tenemos los ingredientes necesarios para desarrollar un hondísimo e
interesantísimo debate que, estoy seguro, nos llevará a todos a través de las
más sesudas sendas del conocimiento. Debate que podría resumirse con el
siguiente párrafo:
"¡No jodas!" (como dijo Arepsípides de Salmónica cuando
sorprendió a su señora destunicada perdida, con el pillastre de
Parrostelístiles de Potocracia) "¿Que el Budokan de Commodore lo han
hecho dos españoles? ¡Parece mentira! ¡Pero si es muy bueno! ¡Con las
porquerías que se hacían aquí!".
Entonces, podría plantearse la siguiente dicotomía:
1. ¿Es o no cierto que los programadores españoles eran nulos para el C64, y
por eso todos habríamos pensado que un título tan cuidado en el apartado
técnico como este Budokan venía directamente de allende las tierras del tito
Sam?
2. O bien, si Pablo y Johnny fueron capaces de hacer esto... ¿por qué
-horizontal 6: palabra de cuatro letras; empieza por "c", termina por
"o", y si no tuviera una "ñ", sería una figura
geométrica- no lo hacían más a menudo?
En serio. Este Budokan parece parido por la gente de Epyx en sus mejores momentos. Mejor dicho: en sus momentos corrientitos. La verdad es que los de la saga Games eran capaces de diseñar, animar y colorear sprites en el Commodore 64, como nadie. Pero, en fin, que sí, que os juro por Mafalda, Garfield y ... vale, esta vez, hasta por Snoopy (fijaos lo en serio que voy), que, en conclusión... si no lo veo no lo creo.
Bien, estupendo, te ha quedao muy bien la introducción originalísima, jijijí-jajajá, y todo lo que tú quieras. Estoy riéndome muchísimo; observa, observa (... ulular del viento en la lejanía ... se percibe el tenue canto de los grillos ... un lobo aúlla en lontananza) ¿ves? Mu bien, pero ¿de qué va el juego?
Ay, qué listo es mi niño. O sea, se llama "Budokan", que desde luego, aparte de sonar a marca de cerveza, no sugiere nada que no sea más o menos pseudo-orientaloide. O sea, en la portada aparece un sujeto ataviado como los extras de las películas de Akira Kurosawa. O sea, que uno le echa un vistazo a las capturas y no hace más que ver escenas propias de la decoración de un lestaulante de esos donde te ponen nuese con nata, frita del tiempo y seldo con setabambú. Y todavía, nene, ¿me preguntas de qué va? Pues, obviamente, es una recreación de lo más fiel, de la vida de Jack Justformen, célebre y valeroso bombero del condado de Blackandecker. Nos ha jodío.
Échenle ustedes un vistazo al manual por si quedaba alguna duda. Es decir, alguna duda sobre el género de este Budokan. ¿Es una odisea de estrategia por turnos (lo del tiempo real a la Warcraft no se solía llevar en aquel entonces) en el que el jugador comanda batallones de furibundos samurais? ¿O un alegre reparteleña protagonizado por chinos irascibles en pijama? Que no os ofusque la cascada de orientaladas que os vierte la documentación encima en cuanto os asomáis a ella, con el pretexto de crear un poco de ambiente (mucho chin-chun-tai-ashukiki y demás shakakuki, ya sabéis; mención especial para los "dojos"... qué gracia me hace eso... me recuerda al chiste de "¡a mi dedecha, con ciento tdez kiloz de pezo, eeeel demoño dooojooo", jejeje, je, je... jjj... un momento, que me entalle un dedo con la puerta del armario, por capullo). La cosa queda bien clara enseguida: Budokan es un juego de lucha, de artes marciales, en el más puro estilo del Way of the Exploding Fist. ... ¿O no?
Por supuesto, alguien podría preguntar "¿y dónde está la lista con los controles, golpes y movimientos?". ¡Claro que podría preguntarlo! Este es un país libre...
Y además, el preguntador en cuestión habría demostrado ser un lector bastante avispado. Qué gloria. Lector avispado de manuales de videojuego. Vamos, ya se puede uno morir tranquilo... |
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El caso es que sí, es cierto: los movimientos no aparecen por ningún lado. Y creo que en el fondo, semejante omisión resume bastante bien el espíritu del juego.
Se podría decir que Budokan se divide en dos partes (además, cada una de ellas almacenada en un disco): entrenamiento y torneo. También podría decirse, porque desde el último párrafo hasta este, el país ha seguido siendo aproximadamente igual de libre. Y lo bueno es que no tengo la impresión de que la cosa vaya a cambiar de aquí al párrafo que viene. Más adelante ya no digo nada. No me gusta hacer previsiones a largo plazo. O sea, de aquí a mañana.
Y el entrenamiento no es una especie de despilfarro de escenarios y bytes
para que el jugador se crea que realmente está aprendiendo a manejar su
amarillísimo karateka. No señor: va en serio. En la pantalla principal, que
hace las veces de menú, pero en bonito (o sea, menú de degustación, como los
de esos restaurantes superpijísimos en los que te cabe toda la cena debajo de
un empaste, y no te cabe la cuenta en la cartera -ni siquiera traducida a
euros-), controlamos a un simpático monigote enfundado en su kimono, que se
alza en medio de un bonito patio japonés. O coreano. O filipino, vaya usted a
saber.
En la parte superior de la pantalla se alza el edificio que nos da acceso al
torneo y, ubicados aproximadamente en las cuatro esquinas del patio, sendos
dojos (jajajaja, eel demoooñoooo dooojooo... erm...), o séase, gimnasios de
entrenamiento (véase la primera captura). Cada uno de ellos nos permite
adiestrarnos en una de las disciplinas del torneo Budokan, a saber: kendo, que
enfrenta a dos chinitos fuertemente blindados que enarbolan sendos palos, bo,
que aparte de ser el nick internetero de uno de los commodoreros más ilustres
de la escena española, es una disciplina en la que los combatientes se
enfrentan a garrotazo limpio... como en el kendo, pero el bastón es más largo
y no se lleva protección alguna. Ya me estoy imaginando lo que tiene que doler
atizarse con uno de esos recios bambúes AHÍ. No creo que se lleven gayumbos de
chapa debajo del kimono... El tercer arte marcial es el kárate de toda la vida
y el cuarto, el combate con nunchakos (ya sabéis, los dos bastones cortos
unidos por una cadena; quedaban de lo más aparentes en las películas de Bruce
Lee).
Tenemos la posibilidad de entrenarnos nosotros solos (aunque se nos ofrezca
tal opción mediante algún japonesajo -que sería el equivalente nipón de los
latinajos de por aquí-, de la índole de shakaliku-kikirikí-tatakai... o algo
parecido) para ir practicando los movimientos e ir dándonos cuenta de que los
personajes son grandes, moderadamente resultones, bien dibujados y nada mal
animados, pero significativamente más lentos que en la mayoría de los títulos
del género. La segunda opción nos permite enfrentarnos a un sparring, que no
es el gerundio de esparragar, como piensan algunos (seguro), sino otro chinito,
coreanito, filipinito o japonesito, en principio más versado que nosotros en
las lides de sacudir al personal a base de pescozones, pellizcos y garrotazos
y que nos servirá para practicar aún más.
Creo que el juego comienza a disfrutarse de verdad cuando empiezas a dominar
los movimientos de ataque, los bloqueos y demás agresivas y casi coreográficas
zarandajas (¿en qué se inspirarían los orientales para inventarse todas estas
espectaculares formas de combate? supongo que en algún bichejo... las grullas,
por ejemplo, que tengo entendido que a los de las islas de-capital-Tokio les
gustan bastante... salvo que se demuestre que algún antepasado de Jackie Chan
ya hacía el mico en obras de teatro popular japonés itinerante por los poblachos
del Imperio, entreteniendo a grandes y pequeños, e interpretando al Súper-Katakuki-San
1, Súper-Katakuki-San 2 y Súper-Katakuki-San 3; misión mortal en Ketetsekae-Lakaka).
Entonces, estaréis preparados, pequeños saltamontes y langostos gordos, para
enfrentaros al torneo de Budokan, que se celebra en una especie de pabellón
cubierto de lo más moderno y contra una serie de luchadores a cuál más recio.
Si ya el primero, cuya especialidad marcial es jincharse a base de lollito plimavela,
te sacude unas galletas de lo más simpáticas, imaginaos el nivel del evento...
Capaces son de dejar a nuestro valiente púgil de color naranja (claro... si
mezclo y remueeeevo, amarillo y rooojooo, sale el color naraaanjaaa... ¿qué
pasa? ¿que no veíais Barrio Sésamo? Sí, vale, le he cambiado la letra, pero...
bueno, vale, me callo).
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Excelentes. De lo mejorcito que se ha hecho en España (aunque sea subcontratados por Electronic Arts) para C64. |
Ahora que caigo, creo recordar entre brumas que Javi "Ommadawn" me
contó, cuando empezaba yo la carrera de Informática (en 1991, precisamente)
que unos amiguetes suyos estaban programando un juego de Commodore de artes
marciales para Electronic Arts, y que me llamó bastante la atención.
Los fondos son verdaderamente buenos. Quizás no haya demasiada variedad (los
dojos de marras son todos iguales), pero están sorprendentemente cuidados. En
algunos momentos se usa la alta resolución y no falta alguna que otra escena
a pantalla completa, muy, muy trabajada, como la introducción del torneo.
Todos los personajes son de calidad, aunque algunos destacan más (los luchadores
de kendo) que otros (el resto... demasiado amarillos, para mi gusto). La animación
es más que correcta, pero los combates no son, ni lejanamente, tan rápidos y
furiosos como los del Way of the Exploding Fist o el IK+.
Principalmente, porque los luchadores caminan a base de pasitos muy cortos y
porque para dar dos porrazos seguidos, hay que centrar el joystick entre el
primero y el segundo, lo que termina entorpeciendo ligeramente.
Vaya, en conclusión, que los gráficos se quedan sin sobresaliente por poco (si
los combates fueran más rápidos, los luchadores menos chirriantemente amarillos,
y los dojos fueran diferentes, no habría tenido inconveniente en plantar todo
un 9 en este apartado).
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Los efectos son muy Pablo Toledo, o sea, casi psicodélicos en ocasiones (hay alguno que me recuerda lejanamente a los del Chicago's 30). La música es MUY POCO Pablo Toledo. |
Perdóneseme la sinceridad, pero es que ... ¡es buena! No se puede decir que mi viejo compañero de facultad fuera un as componiendo con el SID (aunque no niego que la banda sonora del Silent Shadows tiene momentos bastante interesantes). Y la música de este juego... en fin, ni es su estilo como composición, ni tiene el puntito de estridencia típico de casi todos sus trabajos.
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No sólo es uno de los juegos de artes marciales más interesantes, entretenidos y técnicamente cuidados que se programaron para el C64, sino que está lleno de toques que no he visto nunca a ningún programador español supuestamente especializado en el 6510. |
Budokan es un título muy trabajado, muy serio, muy profesional... en fin, así
da gusto. ¿Por qué no se esforzarían tanto siempre? Sospecho que Electronic
Arts pagaba una mica mejor que Dinamic o Topo...
Si he decidido no puntuar este apartado con un 8 es, simplemente, porque nunca
he sido un fan de los juegos de este tipo y, si hay algo que me gusta de ellos,
es la agilidad y la rapidez... cosas que aquí no se ven por ningún lado.
| * Gráficos estupendos. * Muy profesional y cuidado en todos los aspectos. * Eso de entrenarte "en serio" para participar en el torneo con ciertas garantías, es una buena idea. |
* Los combates son más bien lentos. * Supongo que es una gilipollez, pero el color amarillo-chilloncísimo de algunos de los luchadores, me parece de lo más feo e inadecuado. |