Mercenary
Género: Aventura Música: No tiene
Desarrollado por: Novagen Año: 1985
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Sería una tontería que alguien que mantiene una página dedicada a videojuegos que rondan ya las dos décadas de antigüedad, negara que le mueve la nostalgia. Pero salvo contadas excepciones, no suele gustarme dejarme llevar por retortijones emocionales, poco razonados. Así que, lo admito: hemos construido todo un mito en torno a la idealización de aquellos maravillosos años. A veces nos engañamos a nosotros mismos. Pero como:

a) Nadie sale perjudicado.
b) En el fondo somos conscientes de ello.

... no creo que haya motivos para que nadie se escandalice.

Veréis: un par de días antes de redactar esta ficha, leí un comentario en el foro de Lemon64, a cargo de uno de tantos commodoreros que pondrían la mano en el fuego si fuera necesario, para jurar y perjurar que como los videojuegos que se lanzaron durante los 80, no hay nada. El chaval aseguraba que su juego favorito era este Mercenary. Que desde entonces, no había vuelto a ver ningún otro título que consiguiera de un modo tan efectivo y sobrecogedoramente creíble, la inmersión del usuario. Su implicación en el argumento, y la sensación de que, de verdad, uno "está allí", y es parte de otro mundo.

A ver, vamos a tratar de ser medianamente sensatos, por una vez, y sin que sirva de precedente: ¡vamos hombre! ¡no me jeringues! ¡Ni el Elite consigue una cosa así! Lo pudo conseguir en su tiempo, gracias a la mezcla de innovación apabullante del producto y adolescencia impresionable de los que lo utilizaban. Pero, en serio, no nos ceguemos (tanto): gran parte de las ideas de la era de los 8 bits, están más que superadas. Sí, una cosa sí que parece ser cierta: la jugabilidad y ese toque de estupenda ingenuidad, al que contribuyen sin duda los colores brillantes y el sonido hojalatesco, se siguen manteniendo como una rosa. Y pocas de las vomitonas multipoligonales de la actualidad pueden hacerles sombra. En ese apartado, al menos.

En muchos otros, el sector ha evolucionado, como cabría esperar, y gran parte de las sensaciones que nos transmiten nuestros polvorientos juguetitos digitales, han sido corregidas y aumentadas. Qué coñe.

Y, mira, ya que estamos en plan sincero, permitidme perpetrar una de mis cagaleras mentales: que te guste un juego o no, es algo absolutamente subjetivo.

Bienvenidos a la Feria Internacional del Alambre y el Palillo No hay nada de malo en disfrutar como un enano con cosas como el Hard Drivin' (arcadas, nauseas, escalofríos, malestar general...), o en padecer convulsiones, presas del asco más poderoso e inhumano, ante la sola visión de los escenarios del Last Ninja 2. Parafraseando a George Orwell, diría que tener la razón no siempre es una cuestión de estadística.

Y en casos como el que nos ocupa, no lo es en absoluto. Es más: difícilmente se puede tener razón al afirmar que este Mercenary es, sin ningún género de dudas, "más inmersivo y realista" que... ¿qué sé yo? el Half Life o el Ultima Underworld, por ejemplo. Entre otras muchíiisimas razones, porque... ¿qué se entiende, de un modo objetivo, absoluto e irrefutable, por "más inmersivo y realista"? ¿Y si a mí me da por creerme más el Bubble Bobble? ¡Hay gente pa to!

Es un poquito vago el concepto, ¿no creéis? Como si a mí me pasmara de indignación y furor el hecho de que alguien asegurara que las patatas fritas de tal marca saben ligeramente más a patata que las de tal otra... huy, me estoy descarrilando cosa fina... perdón...

Vale, sí: Mercenary es una gozada. Y además, técnicamente, es de lo más digno de aplauso que he visto nunca para un C64. Por si fuera poco, coincido con parte de la aseveración de aquel orgulloso commodorero de Lemon64: el juego te arrastra hacia su mundo, hasta que casi consigue hacerte creer que estás dentro de él, que tienes un papel que interpretar, y un objetivo que cumplir. Que eres un engranaje más de una especie de epopeya cósmica (de bolsillo, eso sí), pero que tus acciones pueden cambiar el destino de todo un mundo...

Pero ¡no me fastidien! ¡de ahí a asegurar que jamás se ha programado nada que supere la sensación de realismo que ofrecen las marañas de vectores de colorines que pueblan este juego, va un trecho!

Intentad imaginad que, en 1985, cuando muchos aún andaban pegando brincos a través de las milenarias cámaras subterráneas del templo de Abu Simbel, a los mandos de una especie de bacilo cabezón con cara de tonto, o enfrentándose a otras elegías digitales de profundidad y complejidad comparables (y no os digo nada acerca de las psicóticas andanzas de Willy, alias "Manic Miner"), alguien os dice que una empresa conocida (en su pueblo, si acaso... o en su barrio... o por el portero del bloque y el chaval que les reparte las pizzas a horas intempestivas) como Novagen, ha lanzado un juego en el que te dan TODO UN PLANETA. Para ti solito. Hala. Sin normas. Sin reglas. Tú eres quien quieras ser, tú decides tu propio destino, y vas donde quieras y cuando quieras.

¿Os lo creeríais? ¿No? Pues estaríais en lo correcto.

Vale: en Mercenary no tenemos todo un planeta a nuestra disposición. Al menos, a efectos prácticos. En teoría, uno puede caminar, conducir o volar tan lejos como le venga en gana... 

Ohhhh, qué pavorrr... ¡me está hablando un salero transparente! ... el problema es que después de varios miles de kilómetros recorriendo ese paisaje formado por una infinita planicie verde sin un solo rasgo, y ese interminable cielo azul cuyo detalle más apabullante y asombroso es... un punto blanco cochambroso que, se supone, hace las veces de una lejana estación orbital en la que se refugian algunos de los habitantes del planeta, pues como que uno comienza a aburrirse.

Vaya, que al final acabas centrando tus devaneos sobre la superficie del planeta Targ, en la ciudad principal (la única, en realidad), una especie de extenso entramado de calles que se cruzan en ángulos rectos y que unen edificios y construcciones de todo tipo... incluyendo puentes, estadios y monumentos.

Ah. Muy bien. Cuántos palillitos y alambritos por todas partes. Se siente uno como en el Leroy Merlín ese. Na más que faltan un par de pinzas para la ropa, un par de rollos de cinta aislante y alguna que otra lijadora, y ya podemos montar el chiringuito para los amiguetes del bricolaje compulsivo. Pero... ¿qué demontres pintamos nosotros allí?

Pues resulta que, mientras volábamos a bordo de nuestro megasupercazainterplanetarioquetecagas (de esos que capaces de saltar entre sistemas solares como el que pasa de la cama al retrete para echar una meadita mañanera... sí, sí, tecnología hiperlumínica de última generación; ¡y todo ello, antes de 100 años a partir de ahora! -el manual cae en la sempiterna falacia de la imaginación desbordante con muchas prisas por que llegue el futuro, y sitúa la acción antes de que acabe el siglo XXI-), el sistema de navegación sufre un cuelgue estupendo (se le olvidaría al héroe de la historia descargarse el parche conveniente, y se le acabaría el periodo de evaluación... ya sabéis), y termina empotrándose contra un planeta perdido en la última esquina del continuo espacio-tiempo.

Para más recochineo, esa esfera verdosa, conocida como Targ, está en guerra. Hay que ver. Ya puestos a estrellarse en un mundo que alberga una civilización técnica (tengo la leve sospecha de que no deben de ser muchos, para desilusión de tantas imaginaciones efervescentes), podría uno hacerlo en una especie de archipiélago planetario formado por atolones poblados por geishas en tanga, o algo parecido.

¡Hala! ¡Pues no! Tenemos que dar con nuestros huesos en el escenario de una invasión en toda la regla. Una raza de máquinas conscientes conocida como los "Mechanoids" tienen a Targ sojuzgadito del todo. Sus habitantes (los Palyar), quienes, evidentemente, eran de lo más pacíficos, no-violentos y ñoños (tanto fumar hierba y triscar entre las florecillas... así pasa luego lo que pasa; te invade una pandilla de androides esquizoides, y no tienes una mala garrota para defenderte), cayeron como chinches en cuestión de días.

Ahora, los pocos que quedan, tratan de organizar una resistencia que les ayude a reconquistar su mundo. Aunque con su historial de paz kármika colectiva, los pobres andan un poco desorientados en las artes de repartir pescozones a diestro y siniestro.

... no es de extrañar, por tanto, que en cuanto nos damos la gran morrada contra su planeta, se pongan en contacto con nosotros a través de nuestro ordenador/interfaz-con-el-exterior, para ofrecernos trabajo. Qué gozada. Ni te piden el currículum ni nada.

Pero, claro, los Mechanoids no se quedan atrás, y también nos tentarán con ofertas encaminadas a acabar con los Palyar y su tonta manía de aferrarse a la supervivencia. Tú decides. Aunque teniendo siempre en mente que tu objetivo final es escapar de aquel planeta de verdes extensiones, cielos azules y... cibersalvajes transparentes trazados a base de alambres. Incluso, si te da por ahí, puedes tomar por la calle del medio, y ejercer de mercader con la esperanza de ahorrar las pelas suficientes como para volver a casita. 

 
 

Pues creo que puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que estamos ante los gráficos vectoriales más rápidos de la historia del C64. Y esta vez no es ninguna exageración: los vectores que conforman el planeta Targ, sus edificios, sus vehículos, sus cámaras subterráneas... todos se mueven con una suavidad y una velocidad asombrosas.

Sí señor, hay que admitirlo: cuando se quería, se conseguía que el 6510 moviera gráficos de este tipo con una soltura envidiable. Es más: en algunos momentos, incluso le da a uno la sensación de que la acción transcurre demasiado rápidamente.
Aunque, claro, eso tiene un precio. Quizás haya que fijarse para apreciarlo, pero me da la impresión de que los vectores son bastante gordos. Vaya, que son unos gráficos cuadriculados como ellos solos. Además, el mundo está formado por inmensas extensiones casi vacías, en las que, como mucho, veréis un par de edificaciones separadas. Aún así, comprendo perfectamente el impacto que causó en su tiempo, y más, entre los commodoreros.

No hay música, pero los efectos son más que razonables. De hecho, la interfaz (que, por cierto, responde al curioso nombre de "Benson") emite una divertida musiquilla cuando transmite algún mensaje, que incluso llega a imitar la entonación correcta. ¿Que a qué me refiero? Prestad atención al soniquete de las preguntas que se nos hacen.

Está claro... la libertad de acción que le ofrece a uno este Mercenary es su atractivo principal. Puedes moverte a tu antojo, ya sea a pie, a través de las avenidas de la ciudad, ya sea recorriéndolas en algún carricoche que te compres, o incluso sobrevolándolas en tu propio caza personal.

Puedes husmear en casi cada rincón el enorme escenario, puedes trabajar para los Palyar o los Mechanoids... en fin, lo que se dice una historia abierta. Y por si fuera poco, emplea los gráficos vectoriales más rápidos y suaves que he visto nunca en un C64.

... eso sí: de ahí a decir que es el juego más inmersivo de la historia...

* Total libertad de acción. Puedes ir a donde quieras, cuando quieras, e incluso a bordo de lo que quieras. Tú decides.
* Los gráficos vectoriales más suaves y rápidos nunca vistos en un C64.
* El mundo está formado por enormes llanuras vacías, salpicadas de edificaciones o puntos interesantes que se encuentran muy separados los unos de los otros.