Nobby the Aardvark
Género: Arcade Música: Tiny Williams
Desarrollado por: The Sales Curve / Virgin Año: 1989
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Igual me equivoco, pero... ¿este Nobby no es un personaje de dibujos animados de Hanna-Barbera? (a todo esto, y yo que de chico pensaba que ese era el curioso nombre de una señora que dibujaba muy bien y luego resultó que eran los apellidos de los dos mandamases de la empresa que le hacía la competencia a la Disney -y con mucha gracia, además-). Me suena mucho, vamos. Y además, el juego que nos ocupa, tiene un aire caricaturesco más que destacable.

¿Qué es eso de "Aar... dvguarkjhjrrptrz"? Desde luego, para empezar, es un palabro de lo más saleroso. No sabéis la de veces que me ha costado escribirlo para terminar haciéndolo bien. Siempre traspapelaba una "r", o una "d", o una "k"... la monda.

A juzgar por la especie a la que pertenece el protagonista, quizás signifique "oso hormiguero"... ¡anda! ¡eso me recuerda a un chiste!

Esto que se encuentran un perro y un bicho muy raro...
-Oye... ¿tú qué eres?-dice el bicho raro.
-Un perro lobo.
-¿Y eso?
-Pues porque mi padre era un perro, y mi madre una loba.
-Ahhh... qué curioso.
-¿Y tú qué eres?
-¿Yo? Un oso hormiguero...
-¡Venga yaaaa!

*ejem*

¡Glú! Claro, que igual es otra cosa. Podría buscarlo en algún diccionario, pero entonces tendría que reescribir la gracia de arriba, y no me apetece, la verdad. El asunto es que Nobby the ... (¡uff!) ... Aardvark (jejeje *sonrisa estúpida de satisfacción*) es uno de los últimos juegos comerciales que se lanzaron para nuestro C64. Fijaos en la fecha del copyright.

Además, curiosamente, los responsables fueron la gente de Thalamus, una empresa de relativa importancia en el panorama jugón de mediados de los 80 (productores de títulos tan conocidos como el Sanxion, por ejemplo), y no cualquier "compañía amateur" formada por adolescentes que se juntaban por amor al arte, a ver qué salía...

Y la verdad, juegos como este, o como Mayhem in Monsterland, Lemmings o Creatures 2, por poner varios ejemplos, dejaron bien claro hasta donde podía llegar el Commodore. Vaya, que no desmerecía como máquina de juegos de principios de los 90 (y es que con los PC-AT 386 rondando por ahí -y los 486 a punto de salir a la calle-, ya no se le podía dar otro uso, la verdad). Yo diría que podría haber competido, dignamente, con cacharros de la talla de la consola de Nintendo de 8 bits (predecesora de la mítica SNES).

La presentación ya lo dice todo: divertida, y sobre todo, con unos gráficos fantásticos. En ella, se cuenta cómo Nobby atrapa a una hormiga que intentaba meter en su madriguera... ¡un frigorífico!, y termina cargándoselo. Cuando el pobre insecto se aleja del lugar de los hechos, el protagonista de la historia sale de su casa y lo captura.

Antes de convertirse en el aperitivo de semejante animalito, es comprensible que la hormiga haga un trato con él: si la deja marchar, le dirá cómo llegar a Antopia, la tierra de las hormigas. Nobby accede, y aquí comienza la aventura...

El juego es un plataformero divertido, colorista, y con una dificultad estratosférica. Si nos dan 9 vidas para empezar, es por algo...

Tenemos que superar cada fase, esquivando a los malosos, que adoptan las formas más diversas. Desde una especie de cruce entre un castor y el doble del Diablo de Tasmania de los dibujos animados (Taz, creo que se llama), que giran alocadamente, convertidos en una especie de mini-tornado y sólo se detienen de cuando en cuando, para recobrar el aliento, y lanzar un par de escupitajos bastante dañinos, hasta buitres o avioncitos que nos bombardean en cuanto nos sobrevuelan.

Podemos defendernos escupiendo hormigas. Pero tenemos un número limitado de ellas, que dependerá además de cuántos hormigueros hayamos encontrado. Cuando nos topemos con alguno, sólo hemos de posicionar a Nobby justo sobre él, y pulsar fuego+abajo, para que introduzca esa curiosa trompa que tienen estos bichejos y se ponga como el quico. Sielos, se me aserca un sorriillo...

Pero estos no son los únicos peligros, claro. Como en todo buen plataformero, pisar donde no debemos nos costará una caída que, si bien no hará daño a Nobby, sí que puede conducirlo a algún estanque en el que perderemos una vida, o a tener que recorrer medio nivel para volver al punto en el que estaba (algo de lo más irritante, como supongo que sabréis los aficionados a este tipo de juegos).

En ocasiones, tendremos que ingeniárnolas para continuar avanzando. Un ejemplo: si subís saltando sobre las plataformas de turno, hasta la parte superior del primer nivel, observaréis que lo cruza un gran puente metálico con raíles de tren. Pero el único modo de recorrerlo es llegar hasta uno de sus extremos, montar sobre una de esas vagonetas que avanzan moviendo alternativamente arriba y abajo una palanca y aporrear el teclado o joystick con saña (ya sabéis: aquello de izquierda-derecha-izquierda-derecha...) para adquirir velocidad, embestir el tope que bloquea la vía y atravesar un túnel.

Esos detallitos que rompen la sempiterna mecánica de salta-corre-dispara de este tipo de juegos, contribuyen a aumentar bastante el interés que despierta este Nobby the Aardvark. ¡Anda! Eso ha sonado a conclusión de comentarista profesional de juegos, jejeje... ¡MicroManía, contrátameee! Noo, hombre, nooo... primero: me debo al Commodore 64 y los juegos de hoy no me gustan tanto, en su inmensa mayoría. Y segundo: si después de los 10 años que me ha costado acabar carrera de Informática, acabo haciendo reviews de juegos en la MicroManía para ganarme los garbanzos, os aseguro que me entra la depre galopante...

 
 

Muy divertidos y coloristas, como de dibujos animados. Tanto los fondos como los personajes, están muy cuidados. La presentación, como ya os he dicho, es estupenda en este apartado.

Podemos jugar con música o en silencio. Y he aquí lo que no puedo entender. ¿Para qué le dan a uno esa opción? De hecho, no lo entiendo ni de este juego, ni de cualquier otro que la ofrezca. Un juego de C64 sin sonido es como uno de CPC en blanco y negro. Y ya puestos, si te fastidia la música, pues le quitas el volumen a la tele que, no lo olvidemos, los Commodores se conectaban a televisores corrientes y molientes. Al menos, las músicas están bastante bien.

Un magnífico plataformero y uno de los últimos títulos comerciales de C64. Además, dignísimo. Cuando logres sobreponerte a la horrenda dificultad, que te hará perder cinco o seis vidas en los primeros dos minutos de juego (garantizado... e igual me quedo corto), te darás cuenta de que estás ante un juego que merece la pena.

* Los gráficos.
* Divertidísimo.
* Difícil a más no poder.