Outlaws
Género: Arcade Música: ?
Desarrollado por: Ultimate Año: 1986
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Después de la saga de Sir Arthur Pendragon (The Staff of Karnath, Entombed, Blackwyche y Dragonskulle) parece que Ultimate se quedó sin ideas. Las andanzas del bigotudo caballero inglés, enfrentándose a lo sobrenatural, habían funcionado bastante bien, pero quizás comenzaban a hacerse algo repetitivas y es que se notaba que los encargados de desarrollar el juego eran siempre los mismos y utilizaban siempre las mismas técnicas. Vamos, que la música, por ejemplo, suena IGUAL DE RARA en todos esos juegos. Que los escenarios están bastante trabajados y, además, se cuenta con mapas enormes, pero que se utilizan sprites "expandidos" (el C64 permitía multiplicar fácilmente por dos el tamaño de los sprites en cualquiera de los ejes del plano, o séase, horizontalmente y/o verticalmente... claro, que así quedaban pixelados cosa fina) que quizás en los primeros títulos cumplían con su cometido, pero con el paso del tiempo, comenzaron a parecer... una miaja rupestres, vamos.

Yo no sabría dónde meter a este Outlaws. Cuando lo vi, en uno de mis viajecitos/cursos en Inglaterra, si no recuerdo mal, en una pequeña tienda de Camborne (pueblecito en el suroeste del país, en una zona minera y pesquera conocida como Cornwall, o Cornualles, en español... igual a alguno le suena), en seguida pensé: "¡coñe! ¡Entombed en el Oeste!". Al menos, es lo que sugerían las fotos de la contraportada, que mostraban a un protagonista bigotudo y rubio, como Sir Arthur, pero a lomos de un caballo blanco, y recorriendo escenarios desérticos.

Sí, sí, tú asómate, que verás qué regalito te doy... Hombre, no puedo decir que me decepcionara cuando lo traje para acá y lo cargué. Outlaws es un buen juego. Entretenido, al menos. Pero quizás esperaba algo con más acertijos, al estilo de los otros juegos de Ultimate y me encontré con un arcade que, vale, no es que sea frenético, pero tampoco es que tenga uno que estrujarse el coco para progresar, precisamente.

El juego se estructura en tres fases que se repiten, aunque con ciertas diferencias en la dificultad, mapa, número de malos y demás. El objetivo es librar a un pueblo del asedio de una banda de forajidos, antes de que manden a criar malvas a todos los habitantes. Cuando lo logremos, tendremos que hacer lo propio con la siguiente aldea y así hasta vaya usted a saber cuándo, porque nunca llegué demasiado lejos en este juego, la verdad (creo que, en mis tiempos, conseguí alcanzar el tercer pueblo, pero allí me quedé).

Pues bien: en la primera fase, debemos llegar hasta el rancho en el que se oculta el grueso de la banda (los Dalton en la "primera vuelta", los... erm... Cralton... o algo así, en la segunda, etc), enfrentándonos por el camino a bandidos a caballo que no dudarán en intentar abrirnos un boquete en el sombrero... con nuestra cabeza dentro, claro.

En el cuartel general de la banda veremos siempre un tipejo que se asoma de vez en cuando por la puerta y nos dispara. El resto de los criminales aparecen y desaparecen en las ventanas de la casa. Tenemos de quitarlos del medio a todos para poder acceder a la siguiente fase, que tiene lugar en territorio indio y debe llevarnos hasta el pueblo de turno, a galope tendido, mientras saltamos obstáculos y tratamos de evitar que los pieles rojas de rigor nos agujereen el body a base de flechas.

Y por fin: la aldea. Quizás es la fase más monótona; no es raro pasar 5 ó 6 minutos patrullando la zona sin ver más que a ciudadanos dándose un garbeo y, de pronto, observar cómo un forajido irrumpe en la pantalla y nos endiña un balazo antes de que nos dé tiempo a reaccionar. Debemos terminar con todos los Outlaws (que, traducido, sería algo así como "fuera de la ley") en cada pueblo, antes de que ellos se carguen a los inocentes que lo habitan. En la parte superior de la pantalla, podremos ver el nombre de la aldea en la que estamos, su población (estamos hablando de asentamientos de cuarto de pelo, en mitad del desierto, con cosa así de 20 habitantes, no vayáis a creer...) y los forajidos que aún quedan allí.

Ya os digo: estas fases, aunque tienen momentos emocionantes, se suelen reducir a desplazarnos con nuestro caballo de extremo a extremo del pueblo, con el dedito del botón de disparo presto en todo momento, por si surge de pronto un maloso. Éstos van de amarillo y lucen un bigote negro, así que fijaos bien en su pinta, porque no es raro ver aparecer de pronto a un honrado ciudadano con un traje amarillo y que le arreemos un tiro al confundirlo con uno de los bandidos.

Aunque en la primera fase, cuando nos enfrentemos a forajidos a caballo, podemos esquivar sus disparos si nos agachamos a tiempo, en las etapas que se desarrollan en aldeas, la maniobra no suele tener el  mismo resultado, porque los malos van a pie y tiran a media altura, de manera que aunque hagamos que el protagonista se encoja sobre su montura, es posible que se coma la bala de todos modos. ¿Han visto ustedes a un montón de pixels con bigote por aquí?

Controlar a esta especie de Sir Arthur versión Far West, es bastante sencillo. El caballo tiene tres "velocidades": un trote lento, otro medio y galope. Además, podemos hacerle saltar sobre obstáculos (como vallas o árboles caídos sobre el camino) en la primera y segunda fase de cada bloque. Con el botón pulsado dispararemos el revólver en la dirección en la que movamos el joystick: hacia adelante, hacia atrás, e incluso en diagonales (bastante útil para quitar del medio a los bandidos de la primera etapa, que se refugian en las ventanas más altas del rancho).

 
 

Bastante en la línea de los anteriores juegos de Ultimate, aunque no tan coloristas. Los escenarios están bien, y los sprites tienden a ser bastante cuadriculados. Vamos, una prueba de que la gente involucrada en el desarrollo de este juego era la misma que se encargó de programar los de la saga de Sir Arthur Pendragon, la tenéis en los barriles que aparecen en los pueblos. Usan EL MISMO gráfico que los del galeón fantasma del Blackwyche.

Casi puede decirse aquí lo mismo... muchos de los efectos de sonido recuerdan a los de otros juegos de la compañía o, sencillamente, son los mismos (como cuando un malo nos endosa un tiro; escucharéis un breve ruidillo que es EXACTAMENTE igual que el que suena cuando, en el Blackwyche, algún monstruito hacía daño al protagonista).

Sin embargo, no hay demasiada variedad. Y aunque los extrañísimos temas musicales que se podían escuchar en los juegos protagonizados por el aventurero británico quizás tenían un pase considerando los argumentos, en este Outlaws ya no pegan demasiado. Lo digo porque la música de presentación es una especie de Blackwyche Remix cruzado con "este caballo viene de Bonaannnsaaaa" bastante raro.

Cojan ustedes un arcade y desarróllenlo usando el (llamémoslo así) motor gráfico del Blackwyche, y ambientado en el Salvaje Oeste. Resultado: Outlaws. Es un juego bastante entretenido, sí, sobre todo durante las fases primera y segunda de cada bloque (la tercera se hace un poco monótona y además es dificilísima), aunque quizás si esperabais algo en la línea de Entombed o The Staff of Karnath, os decepcionará un poco.

* Los escenarios.
* Bastante entretenido.
* Los sprites son bastante cuadriculados.
* Las fases en los pueblos son algo monótonas y muy difíciles.