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Return of the Jedi
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Es curioso que, cuando algunos de los mayores bodrios de la historia del cine consiguieron dar el salto a los 8 bits con cierta solvencia, la trilogía más célebre de todos los tiempos tuviera una versión informática tan mediocre. El universo de George Lucas daba para mucho más. Muchísimo más. Infinitamente más. Vaya, tanto es así que hoy en día siguen saliendo juegos ambientados en aquella galaxia muy, muy lejana (y lo que te rondaré, morena). Hemos visto mata-mata tipo Doom, tipo Quake... ¡hasta juegos de estrategia!. Pero en los 80, poca cosa.
Paradójicamente, una de las compañías que más calidad conseguía dar a sus productos,
Lucasfilm Games, era filial de la productora de la celebérrima saga espacial
de espadas láser y macacos peludos interplanetarios... pero no desarrollaron
ninguno de los títulos basados en las tres películas, para ninguno de los ordenadores
más populares del momento. Una pena, porque estoy seguro de que, a la vista
de joyas como The Eidolon, Rescue
on Fractalus o Labyrinth, les
habría salido una maravilla.
En lugar de eso, pasamos de un extremo al otro: las adaptaciones de las andanzas
de Luke Skywalker y su alegre panda de rebeldes, aparecieron en nuestros
Commodores, Speccies y CPCs de la mano de ... ¡Domark! ¡Aaaargh!
Vale, estamos todos de acuerdo en que eso de generalizar está muy feo. Y además, es injusto. Pero a veces es necesario; no se pueden construir ciertos argumentos sin obtener un modelo de la realidad, como hacen los matemáticos.
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Y todos los modelos implican imprecisión. Simplemente, sirven como guía. Bueno, pues en el caso de Domark, generalizar no sólo es necesario, sino prudente. En aquel tiempo lo era, vamos, porque te podía ahorrar más de un disgusto y unas buenas pelas, si te empeñabas en comprarte, original, algún juego desarrollado por ellos. |
¡Qué malos eran, rediós!
Algunos de sus títulos tenían un cierto pase, sí, como The
Living Daylights, pero cuando hablamos de su filial, Tengen (que parecía
especialmente creada para hacer las cosas AÚN PEOR) ya no había por donde cogerlos.
¿Os hago una lista? Dragon Spirit,
Escape from
the Planet of the Robot Monsters, Hard
Drivin'... una chapuza tras otra. No sé hasta qué grado estuvieron involucrados
en este Return of the Jedi, pero lo estuvieron, seguro. Se nota su mano.
Estamos ante el título más flojo de la trilogía... y eso que los dos anteriores, si bien se dejaban jugar, tampoco eran ninguna maravilla. Imagino que en esta entrega se pretendió abandonar los gráficos vectoriales y la perspectiva en primera persona de las dos anteriores. El cambio fue drástico. Se pasó de una especie de matamarcianos en 3D no especialmente afortunado, pero sí con ciertos detalles agradables, a otro tanto... pero con gráficos bitmap tirando a mediocres y un scroll diagonal bastante rápido (eso sí que está bien).
Se intentaron recrear algunas de las escenas más emblemáticas de la película; pero claro, todas ellas con el mismo desarrollo, repito: scroll diagonal y nuestro vehículo avanzando entre obstáculos y enemigos. Mira que El Retorno del Jedi daba juego ¿eh? Mira que se podían haber hecho auténticas maravillas con las escenas en las naves de Jabba el Hutt planeaban sobre el desierto rumbo al Pozo de Sarlaak (o algo así), donde el baboso hampón interplanetario pretendía arrojar a Han Solo. Imaginaos lo que un equipo de programadores expertos podía haber sacado de las aventuras de los rebeldes y demás comparsa, en la Luna de Endor. Por no decir nada de la lucha con las espadas-láser entre Luke y Darth Vader.
Lamentablemente, la historieta no cayó en manos de un equipo de programadores expertos. No. Precisamente, no.
Vamos a ver: la primera fase trata de reproducir (naturalmente, sin éxito)
la trepidante escena de la persecución con las moto-jet a través del tupido
bosque de Endor, entre Luke, Leia y varios soldados imperiales. ¿Os acordáis?
Creo que es una de las secuencias más asombrosas y vertiginosas de la historia
del cine. La velocidad es exorbitante, e incluso, en el patio de butacas, tenía
uno la impresión de estar a punto de estamparse contra algún árbol (tiene
gracia, porque en aquel entonces no existían los "storyboards"
-guiones ilustrados- animados, así que los responsables de los efectos
especiales de la película planificaron la escena con una serie de moto-jets de
juguete pilotadas por los muñequitos de Barbie y Ken -¡en serio!-).
Bueno, pues en este juego se ha convertido la cosa en un extraño matamarcianos
en el que hemos de guiar nuestra moto esquivando árboles y tratando de echar
del camino a los soldados palizas, que tratarán de seguirnos y derribarnos.
Podemos intentar desintegrarlos con nuestro láser, si logramos ponernos a su
cola, o darles un empellón al más puro estilo de la carrera de cuádrigas de
Ben-Hur, y mandarlos a fusionarse suavemente con el tronco de algún roble
intergaláctico.
Cada cierto tiempo, veremos dos Ewoks preparando una trampa (por ejemplo,
sujetando una cuerda y dispuestos a tensarla repentinamente ante el paso de
algún maloso). Se supone que están allí para ayudarnos, pero actuarán
ciegamente, sin importarles si el entortillado somos nosotros o un soldado del
Imperio. Dejarán pasar a un motorista, pero activarán la trampa sobre el segundo... sea
ese quien sea. Cuando concluyamos la etapa, las cosas comenzarán a aproximarse al clímax de
la historia.
Aquí sí que tengo que anotarles un tanto a los de Tengen: fueron originales al
tratar de imitar la tensión que en la película conseguían los saltos de un
escenario a otro, mostrando lo que hacían, se supone que simultáneamente, dos
frentes rebeldes.
A ver, os cuento: mientras sobre la Luna de Endor, Han Solo y Leia comandan hordas de Ewoks (por cierto, después de las exóticas babosidades de entregas anteriores, esa decisión de Lucas de incluir a insufriblemente ñoños ositos de peluche del Paleolítico en el reparto, fue un patinazo, en mi opinión) para tratar de destruir el bunker que genera el campo de fuerza de la nueva Estrella de la Muerte, en construcción, Lando Calrrisian, a los mandos del Halcón Milenario, se las tiene tiesas con la Flota Imperial.
| El contrabandista de Vespin (aquella ciudad en las nubes que aparecía al final de El Imperio Contraataca, ¿os acordáis?) tiene que asaltar el corazón de la Estrella de la Muerte, justo en el momento en el que el escudo protector se venga abajo. Un solo fallo de sincronización, por parte de unos o por la de otros, echaría por tierra el plan rebelde. |
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Emocionante, ¿no?
Bueno, pues en el juego esto se representa haciéndonos pasar de un escenario
al otro, para transmitir una cierta sensación de que las cosas suceden a la
vez. Tan pronto estamos batallando contra trampas y AT-STs imperiales (esos curiosos
vehículos bípedos) a bordo de uno de estos, precisamente, robado por Chewbacca
y una pandilla de insufribles ositos casposos (de verdad, ¡qué cosa más
empalagosa de bichos!), como la secuencia cambia para mostrarnos al Halcón Milenario
volando, escoltado por dos naves X-Wing, entre Tie-Fighters (aquellas naves que,
vistas de frente, parecían una "H" con una "O" en medio, y
que sonaban como una furgoneta vieja), entre superdestructores imperiales. La fase salta un par de veces de la superficie de Endor al espacio, y viceversa,
hasta que alcanzamos el bunker y lo volamos en cachitos.
Entonces, accederemos a la última etapa, que se desarrolla en el mismísimo
interior de la Estrella de la Muerte, entre andamios gigantes, tuberías y pasos
estrechos, y perseguidos por más cazas Tie. Los dos X-Wing que flanquean al destartalado Halcón Milenario nos sirven como
cañones adicionales. Cada vez que pulsemos el botón de disparo, también ellos
abrirán fuego. Manejamos al conjunto de los tres sprites como si fueran uno
solo. Si nos desintegran a una de las naves de escolta, podremos seguir
avanzando. Pero si perdemos al Halcón Milenario, ya sabéis: vida menos.
Puede que esta sea la fase más desafiante, emocionante... y difícil del juego. Y tampoco es gran cosa, no vayáis a creer...
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Algunos escenarios no están del todo mal. Los árboles de la primera fase, por ejemplo, están decentemente dibujados. Los destructores imperiales, aunque son muy, muy simplones, también dan el pego, igual que la miríada de conductos y tuberías del interior de la Estrella de la Muerte, en la última fase. En conjunto, simplemente pasables. |
Los sprites ya son otro cantar. Con la excepción de los AT-STs, casi todos son pequeñajos, con pocos colores, cuadriculados y virtualmente sin animación ninguna.
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Un petardo de versión de la Marcha Imperial (uno de los temas musicales más emblemáticos de la saga de la Guerra de las Galaxias) como presentación, otro bodrio en la pantalla principal, que pretende imitar a la música del final de la película y, como efectos de sonido, prácticamente nada más que los susurros que emiten las moto-jets o las naves espaciales. Eso sí: al menos, éstos están bien hechos. |
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Una película como el Retorno del Jedi daba para INFINITAMENTE más que este matamarcianos soso, técnicamente mediocre y con pocos momentos dignos de recordarse (si acaso, el de las fases finales, alternándose). |
| * El detalle de los escenarios alternándose, del espacio a la Luna de Endor, conforme nos acercamos al final del juego. | * Técnicamente mediocre. * Todas las fases siguen el mismo desarrollo. * Anodino. |