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Rubicon
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Vagabundeando por esas interneses, cierto día me topé con este Rubicon. Al
principio, no me llamó la atención. Es más, pensé que era uno de esos
títulos de finales de los 90, programados por alguna pandilla de "coders"
escapados de la "scene" de las "demos" (y toma
ya; tres palabros que necesitan entrecomillado en una sola frase). Uno de esos títulos
llenos
de alardes de su habilidad... y vacíos de todo lo demás, incluyendo la
jugabilidad. Puede que ese tipo de juegos incluso tengan unos gráficos agradables, y es que
espectacularidad no les suele faltar, desde luego. El asunto es que los artistas de los
grupos de programadores aficionados que aún colean en las fiestas dedicadas al
Commodore 64, suelen dotar a sus creaciones de un estilo muy similar al de los
graffiti, y... ¿qué queréis que os diga? No me gusta ese tono a medio camino
entre "rebelde/radical de diseño barato" -ergo, más artificiales que la sopa de
sobre- y subcultura pringosa. Y antes de seguir, que nadie me malinterprete: hay
pintadas simple y llanamente ASOMBROSAS. Personalmente, no sólo no me
disgustan, sino que creo que hay tabiques que quedan infinitamente mejor
rebozados en spray de colorines, que enseñando sus ladrillos pelados y
ásperos... pero hay ¿cómo llamarlos? movimientos urbanos, que me resultan un
pelín forzados y bastante deprimentes. Algunos chavales armados de tizas y
aerosoles de pintura, son verdaderos artistas. Y no es un tópico. Pero
tampoco faltan los que, simple y llanamente, no pasan del rango de macarras de
barriada.
Vale. Y a eso me refiero: no me hace gracia que la magia del C64 desluzca al
parecerse a un pegote chillón sobre un desconchado en un montón de escombros
erigido en mitad de un arrabal. Ahí queda eso.
Pues, ya os digo: esa es la impresión que me transmitió este Rubicon, a primera vista. Para que te fíes de los juicios rápidos... porque resulta que es un juego realmente sorprendente.
| Es cierto que exhibe más de un detalle que sugiere la participación de algún coder de demos. No sé si es que la estética estaba cambiando cuando se comercializó o qué, pero... en fin, echadle un vistazo a la pantalla de presentación, y decidme si no es entre extraña y fea. |
Pero, ¡ahí va! ... el juego sigue cargando, y nos da la bienvenida otra pantalla
bastante más profesional. O sea, con bastante menos pinta de proyecto experimental
a cargo de cualquier juntapixels anónimo, que aprovechó la debilidad del mercado
de los 8 bits para colar un pufo que pasó inadvertido (justo como planeaba).
No, no: resulta que estamos, señoras y señores, ante una licencia de Hewson.
Una de las compañías clásicas de la era dorada de los 8 bits. ¿Os suenan Uridium,
Stormlord o Alleykat?
Por poner tres ejemplos, vaya.
Y la cosa no acaba ahí. En la pantalla de presentación, esa tan feúcha de la
que os hablaba antes, y que
muestra a un héroe contrahecho y deforme (cada vez que lo veo, me dan unas ganas tremendas de
girarle la cabeza 180º; si es que parece que tiene la espalda donde debería
tener el pecho, el pecho donde debería tener la espalda, y encima está tocado
con un casco absurdo... por no hablar del resto de la ilustración, tan a tono
en su falta de profesionalidad -artísticamente hablando... ¡qué poco rigor en
las proporciones, qué estilo tan infantiloide...!-), encima suena un tema
musical que, vale, lo admito, es técnicamente bueno, pero sorprendentemente
insípido. Al menos, insípido para lo que se supone pretende enfatizar: que
estamos ante un juego de acción desbordante que enfrenta a una especie de
guerrero interplanetario a hordas de las monstruosidades más abyectas que uno
pueda imaginar... y resulta que la tonadilla de marras tiene un toque de
comedieta romántica hollywoodiense, o teleserie edulcorada hasta la náusea,
que ríase usted de las cursilerías floridas de Sonrisas y Lágrimas. Vamos,
que no pega ni con Loctite.
Pero volvamos a la segunda pantalla, esa de aspecto mucho más profesional... porque, ¡sorpresa! resulta que la música corre a cargo de ¡Maniacs of Noise! Y como para ratificarlo, una percusión funky, agresiva, y técnicamente como para quitarse el sombrero, retumba acompañando los títulos de crédito.
| La cosa cambia... aunque uno sigue teniendo la sensación de que estamos ante un título codificado por aficionados sin demasiada experiencia en el sector de los videojuegos (aunque con muchas tablas en el de las demos, intros y similares), al menos ahora aparecen toques de veteranía. Que siempre son de agradecer. |
Y la mezcla de espectacularidad técnica y cierto rigor profesional, no desaparecen desde ese instante. Resulta que Rubicon es una especie de Hawkeye corregido y aumentado.
Hasta el protagonista se parece: un melenas forzudo que, desentonando todo lo posible en un entorno alienígena con un fuerte toque primitivo y salvaje, corretea por ahí pertrechado con toda suerte de armas de altísima tecnología (bueno, en realidad comenzamos con la menos potente de todas, y más adelante iremos encontrando otras más devastadoras... sí, también en esto hay una coincidencia con el estupendo mata-mata de Thalamus).
Uno de los puntos fuertes del Hawkeye era la variedad de criaturas asquerosas, viscosas y resbaladizas, que se abalanzaban sobre el héroe, sobre todo por el tamaño, más que considerable, de algunas de ellas, y por su diseño, de lo más original. Bueno, pues todas palidecen al lado de la fauna de que hace gala este Rubicon. Señoras y señores, con permiso del Shadow of the Beast, y alguna otra igualmente honrosa excepción más, estamos ante uno de los juegos con mayores enemigos que jamás han animado la pantalla de un C64. La diferencia con otros títulos en los que los malosos colosales irrumpían puntualmente y de cuando en cuando es que, en el caso que nos ocupa, los bichillos más pequeños que el protagonista son la excepción.
Rubicon es, y perdonadme la cursilada, un auténtico festín de sprites. Cada dos pasos nos atacará una bandada de monstruosidades diferente, compuesta por engendros, a cual más asombroso, enorme, bien dibujado y mejor animado. Claro que, al final, el juego se reduce única y exclusivamente a avanzar, disparar a los malos, seguir avanzando, seguir disparando... y, de vez en cuando, y como de relleno, pegar un par de brincos. Aún así, ¡es adictivo, el jodío!
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Sólo un punto débil les separa de la matrícula de honor, en mi opinión... el colorido. O más bien, la ausencia de éste. Los escenarios son apagados y tristones y, una vez más (¡y mira que era recurrente la cosa en muchos juegos de Commodore!) se abusa de los grises y otros tonos igualmente mustios. |
Salvo ese detalle, lo cierto es que da gusto mirarlos, y no sólo por el suave scroll parallax con el que se desplazan los escenarios. El mérito principal en este apartado se lo llevan, sin duda, los malos. Este juego es uno de esos (pocos) en los que el protagonista parece andar por allí simplemente para cumplir con el trámite, porque la práctica totalidad de los monstruitos con los que nos encontraremos, lo dejan tamañito, canijo, esmirriado y patético, en comparación. Y su variedad es más que digna de mención, además. A cada pantalla, te topas con una babosidad descomunal, más espectacular que la anterior. Uno casi va exclamando "ooohs" y "aaaahs" constantemente. Y lo mejor de todo es que, a pesar del tamaño de muchos de los enemigos, todos se mueven con una suavidad y rapidez dignas de los malos de cualquier matamarcianos.
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La música es fabulosa. Si obviamos, claro, la de la pantalla de presentación (que, insisto, no es mala, pero no le pega al juego ni con cola). Como siempre, Maniacs of Noise haciendo de las suyas. Y, por si fuera poco, suena junto con los efectos de sonido (muy adecuados), sin que se "pisen" los canales del SID. |
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... y aquí es donde se ve otro de los signos que parecen apuntar hacia el origen, medio amateur, medio profesional, de este Rubicon. Como pasa con títulos de la índole del Miecze Valdgira, la espectacularidad técnica de las estrategias de las demos aplicadas al videojuego, no tienen nada que ver con su jugabilidad. Rubicon es muy adictivo, sí. Y muy rápido. Y desde luego, en mi modesta opinión, se merece todo un notable. |
Pero en realidad no va mucho más allá de un concepto viejísimo y pateadísimo, con una envoltura de lo más aparente. No, esto no es una queja en realidad, pero a veces uno piensa... si contrataran a un grupo de programadores con estas habilidades, para que se encargaran de los gráficos y el sonido... y a una pandilla de coquitos que parieran una buena historia, una ambientación estupenda, y una interfaz macanuda, estaríamos ante el juego del siglo. Pero no es así, y Rubicon acaba reducido a un mata-mata técnicamente imponente, pero simple y, además ¡difícil como él solo!
| * Los monstruos: su variedad, su tamaño, su animación...
aplausos. * La música. En algunos momentos, de lo mejorcito de Maniacs of Noise. |
* Muuy difícil. * Los colores son bastante mustios. |