Wimbledon'64
Género: Deportes Música: No tiene
Desarrollado por: Merlin Software Año: 1984
Portada no disponible Pincha aquí para bajarte el juego ¡Bodrio!

Creo que ya os he contado en otra ocasión que, durante mi primer año de orgulloso commodorero (allá por finales de 1983 y principios de 1984) mantenía una lista mental con todos mis juegos, por orden de preferencia, y que incluso me sabía de memoria mis puntuaciones máximas en todos ellos.

No, no creo que pueda decirse que se trataba de una evidencia de psicopatía en ciernes... más bien era la suma de dos factores:

1. Lo difícil que era encontrar juegos de C64 en aquella ciudad y en aquella época. A causa de esto, tardé mucho tiempo en superar los 10 ó 12 títulos, y era normal que, los que tenía, los conociera al dedillo.

2. La fascinación que aquel invento, a medio camino entre la tecnología de las películas de ciencia-ficción, y algún descubrimiento arcano, ejercía sobre un niño de imaginación voraz y curiosidad nerviosa. O sea, yo.

No es que me dedicara a empollar las puntuaciones de cada juego. ¡Faltaría más! Simplemente, me acordaba de ellas. De un modo igualmente poco consciente, había ido elaborando una lista, un top... 10, 15 ó 20, de todas mis cintas. Sin querer.
El número 1 era, indudablemente, para el Ghostbusters. Me lo había pasado como el enano que era con la película; me encantaba el tema musical de Ray Parker Jr. (de hecho, la banda sonora de Cazafantasmas fue la primera cassette de música que compré en mi vida), y aquello de la voz digitalizada era un plus.

Desdoblamiento de personalidad... En el número 2, el misterioso Fort Apocalypse. Misterioso, porque ni tenía el manual, ni la carátula, ni las instrucciones, ni tampoco tenía muy claro qué había que hacer exactamente. (En realidad, la mayoría de los títulos de mi juegoteca, en aquel entonces, eran piratones - si me hubiera dado por ceñirme a la legalidad vigente, y sablear un poco más a mis reticentes papaítos, me habría quedado con la mitad de cintas-).

Bajamos un puesto, y encontramos al Revenge of the Mutant Camels, la antepenúltima alucinación de Jeff "el hippy" Minter, con su surrealismo, sus efectos de sonido psicodélicos, y ¡el no va más! ¡la sintonía de la serie de televisión Galáctica: Estrella de Combate, tocando sus primeras notas en la pantalla de puntuaciones más altas! ¡con lo que me gustaba a mí la serie aquella!

Lo dicho: leña para el horno de una imaginación irreductible.

Supongo que comprenderéis que no os recite el resto de los números de aquella lista mental, ¿no? Bueno, lo comprenderéis y lo agradeceréis. Seguro, jeje.

El caso es que ya no recuerdo qué juegos ocupaban los demás puestos... salvo el último. La cola. El farolillo rojo. El rezagado. El tonto de la clase. El macarra que se sienta en última fila para perpetrar toda suerte de gilipolleces revolucionarias y pseudorrebeldes, a escondidas de la mirada del profe. Y el "honor" era para este Wimbledon'64. Tenía que hacer verdaderos esfuerzos para que autosugestionarme, y convencerme de que, ¡bueno! ¡en el fondo, en el fondo, no estaba tan mal!

Pero el caso es que el dichoso jueguecito yacía muy en el fondo, y seguía estando mal.

¿Que cómo a un chavalín poco apasionado por el deporte como yo (permanecía a esa impopular y huraña estirpe de escolares poco aficionados al fútbol, a pegarse coces en el recreo y, en general, a competir con los demás a base de correr como jabalíes descontrolados, por la honra de conseguir... nada - no veáis qué mal caíamos; los "repollos", los "empollones", y todas esas cosas... y luego, lo gracioso es que no se me daba nada mal el deporte; simplemente, no me gustaba la compañía de los que solían practicarlo como alternativa orgullosa al funesto hábito de pensar) se empecinó en tener un videojuego de tenis? Pues porque mis amiguetes, los vecinos del Speccy, tenían uno.

Como bien dice Hergest, tener un C64 en España, era un "hecho diferencial". Y un coñazo, también, durante los primeros meses de su aterrizaje en estos pagos. Mis vecinos tenían sotopocientos juegos, y yo cuatro cassettes mugrientas, ni siquiera originales. 

No envidiaba la calidad (me encantaban los sprites y el sonido de mi Commodore), pero sí la cantidad. Así que cuando cierto día fardaron de sus joysticks Kempston (¿se llamaban así?) con un diseño tan futurista como el de el escardillo de piedra, para demostrarme su enorme eficiencia a la hora de controlar a los translúcidos personajillos de un juego de tenis, ¡hala! ¡me encapriché con la idea! *Enorme y cavernoso bostezo*

Corrían tiempos difíciles para los commodoreros, en esta esquina de Occidente. Mis amiguetes, poseedores del inolvidable teclitas-de-goma, me invitaban a sus partidas al Daley Thompson's Decathlon, el Checkered Flag, el Jet-Pac o el Panama Jack... y yo tenía que conformarme con sucedáneos, vagas imitaciones, o tenía que taparme la nariz y tragarme conversiones nefastas.

Cuando le eché el guante a este Wimbledon'64, gracias a mi "contacto", en el servicio técnico de Control y Sistemas, la única tienda distribuidora de productos de Commodore en Badajoz (que yo recuerde), monté mi parafernalia imaginaria, para hacerme creer que aquella luminosa pantalla verde imitaba a aquel simpático y rapidísimo juego de tenis que había visto salir directamente del Speccy de mis vecinos.

Y no hubo manera, oigan.

No sé si fue por la lentitud del desarrollo, por lo inmensamente tediosas que se hacían las partidas, por lo estático de los personajes y su movimiento rígido, acartonado y ortopédico... no sé si fue por la práctica ausencia de sonido, por mi absoluto desconocimiento de las reglas del tenis, o por una de las rutinas de detección de colisiones más patéticas que he visto en mi vida en un videojuego (puedes golpear una pelota que pase a unos 10 ó 15 pixels de tu sprite... como si manejáramos una paellera de esas para 20 comensales, en vez de una raqueta)... quizás, en el fondo, fue por el hecho de que, vaya usted a saber por qué, Wimbledon'64 sólo permite que participen dos jugadores simultáneamente. Me figuro que para el padre de la criatura, programar una sencillísima "IA" que ofreciera a una persona sola, la posibilidad de enfrentarse contra el ordenador, era mucho pedir.

Como mucho pedir era convencer a mi hermano que se aburriera conmigo en amor y comparsa delante de aquella pantalla verdosa. Él no quería ver este juego ni en pintura. Le daba grima y todo. Así que me lo tuve que comer con patatas. Apenas le dediqué tiempo en toda mi vida y, si lo hacía (no sé yo si por pena, o por qué), jugaba contra mí mismo. ¡En serio!

Enchufaba un joystick en cada puerto, e iba cambiando de uno a otro para manejar a los dos tenistas. Daba tiempo de sobra... la acción se desarrolla a cámara lenta, ya os digo.

En fin, una penita mu grande.

 
 

Pues ya veis... lo más simpático que tiene el juego en este apartado, es el banderín que ondea (alterna sus pixels enormes, vamos). No se puede pedir gran cosa en un juego tan antiguo y con esta temática, eso es cierto: la pista, con sus rayajos, y poca cosa más. Los dos sprites son muy cuadriculados, con una animación que queda a medio camino entre lo simplón y lo funcional.

El "tac" de las raquetas golpeando a la pelota. Y ya está. En serio: NADA más.

Igual con dos jugadores resulta más o menos entretenido. Imagino que esa detección de colisiones tan exageradamente patatera puede ser motivo de unas buenas risas... ni lo sé, ni creo que vaya a saberlo nunca. Como juego para una sola persona, no sólo es un coñazo, sino que es inviable del todo.

* Lo mismo con dos jugadores es más o menos entretenido. Ni idea, oigan... nunca he encontrado a nadie que quisiera acompañarme. * Técnicamente ramplón.
* Lento.
* Una rutina de colisiones de risa.
* Que sólo permite dos jugadores.