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Revenge of the Mutant Camels
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Os voy a contar otra de mis historias de la gallina Flounders.
No temáis, esta es cortita: a finales de 1983 y principios de 1984, cuando acababa
de conseguir mi flamante Commodore, y prácticamente ninguna otra persona del
Universo (al menos, de mi Universo, que aunque era chiquitillo por aquel entonces,
me servía bastante bien) tenía otra cosa que no fuera un Speccy (bueno, había
otra opción: no tener ningún ordenador en casa; esa, no lo olvidemos, era la
mayoritaria) y mi lista de juegos no superaba los 20 títulos, me sabía de memoria
todos mis records. De hecho, siempre me vanagloriaba, ante el buenazo de mi
hermano, de que mis puntuaciones eran más altas que las suyas... aunque eso
cambió cuando conseguimos el Gauntlet,
un par de años después, y su fanatismo (casi no se le puede calificar de otra
cosa) con el juego, le llevó a darme auténticos baños ante el joystick.
A lo que iba: igual que conocía mis pocos videojuegos como aquel que conoce todos sus juguetitos, camiones de plástico y cochecitos de hojalata, también me había construido una especie de simpático esquema mental en el que ordenaba los títulos del que más me gustaba, al que menos. Sí: era un niño muy metódico y organizado; se ve que por aquel entonces ya empezaban a despuntar mi afición por la Ciencia y la Informática. Lo que se dice un auténtico repollo.
Bueno, pues aún recuerdo que el número uno para mi era el Ghostbusters. El segundo puesto era para el Fort Apocalypse. Y el tercero, para este Revenge of the Mutant Camels, o "Camellos-2" (la primera parte, o "Camellos-1", era el curioso Attack of the Mutant Camels), como lo llamábamos mis pocos amiguetes commodoreros y yo (si me apuran, sólo dos: un compañero del cole, y el chaval que trabajaba en el servicio técnico de la única tienda especializada en Commodore de Badajoz).
En aquel entonces, aún andaba yo como loco detrás del Bruce Lee. Había leído la review que hacían en la revista Commodore Magazine, y aquel pequeño jueguecito me había llamado muchísimo la atención.
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Sin embargo, me costó un par de años más localizarlo, de modo que no pudo entrar en mi "ranking" personal de juegos hasta bastante más tarde, cuando mi juegoteca ya contaba con casi 100 títulos. ¡Ahhh, qué fortuna! Aunque palidecía al lado de los centenares y centenares de juegos que amasaban mis eternos vecinos spectrumneros. Claro, pero ellos partían con ventaja... |
Pero centrémonos.
Revenge of the Mutant Camels es otra de las idas de olla del peludo Jeff Minter.
No le llamaban "el hippy" porque sí, vamos.
Algunos de sus juegos no es que rayaran en lo psicodélico: es que se metían en
ello de cabeza y sin tapujos. Su mítica afición por los camellos, llamas y ovejas era una de sus señas de
identidad. Un tipo curioso, sin duda. Y polémico: no le dolía en prenda
ensalzar sus programas y darle leña a algunos de sus rivales (aunque tampoco se
cortaba a la hora de aplaudir, sin paliativos, un buen trabajo). Era muy poco
políticamente correcto. A pesar de ser hippy, sí. Se ve que la idea de la
corrección política ha cambiado con los años. O será que ese es un concepto
que ha surgido hace poco, artificial y gilipollescamente. Más bien.
Pero sigamos, sigamos.
Minter programó muchos videojuegos extraños protagonizados por animalitos mutantes
envueltos en rayos multicolores que emitían toda suerte de sonidos electrónicos
casi alucinógenos. Desde Laser Zone
hasta Hover Bovver, la verdad es
que, para ser un solo desarrollador (no trabajaba en equipo, salvo a la hora
de dotar de música a algunos de sus productos; entonces recurría a un tal James
Lisney) se prodigó bastante. Y en mi opinión, este Revenge of the Mutant Camels
es su mejor trabajo. El juego más "minteriano" de su carrera.
Se divide en 42 fases que se diferencian en los enemigos que nos asediarán.
He ahí la salsa de este juego: la cantidad de personajes es inmensa. Sus
movimientos, su peligrosidad, su animación... prácticamente en cada fase nos
enfrentaremos a algún bichejo que no habíamos visto antes (en otras, aparecen
enemigos que ya nos dieron la tabarra en niveles anteriores, pero con un comportamiento distinto). El
sentido del humor es una constante a lo largo de todas las etapas.
Es más: cada una tiene un nombre, y hay que reconocer que algunos de éstos eran
muy buenos. Desde "Manic Minter", en el que un hombrecillo muy parecido
al protagonista de aquel legendario juego de Speccy (después adaptado al '64),
el Manic Miner, avanza por la pantalla
con una sonrisa bobalicona, lanzándonos pequeños camellos saltarines, hasta
etapas con títulos como "Agresivos Alpinistas Australianos", "El
ataque de los camellos mutantes, mutantes" o "¿No nos hemos visto
en otra parte?", en la que se nos echarán encima escuadrones enteros de
navecillas como las de la primera parte (o sea, el "Camellos-1").
| Nuestro camello tiene una resistencia enorme (aunque también depende de qué malo le ataque; hay unas ovejitas de aspecto muy apacible, pero que explotan si se las toca, que son capaces de aniquilarte una vida entera a las primeras de cambio), que además, se recupera parcialmente cada vez que completamos una fase. | ![]() |
Sin embargo, no creáis que Revenge of the Mutant Camels es un juego fácil. Al contrario: algunas de las etapas son un auténtico suplicio, y pueden acabar con dos de tus vidas. O más.
En realidad, hay un truco para prácticamente cada una de las fases y que, aunque no nos permitirán superarlas sin encajar algún que otro protonazo enemigo, sí que nos ayudarán a sufrir el menor daño posible. A veces, el truquito en cuestión consiste en saltar sin parar; otras veces, en avanzar hacia el extremo derecho de la pantalla, y disparar hacia nuestra espalda... depende de los malos y de su comportamiento.
Conforme avanzamos, el fondo hace scroll suavemente, hacia la izquierda. Hay tres escenarios distintos: uno compuesto por algo parecido a los edificios de una ciudad futurista, otro formado por montañas rojas y, el tercero (el que más me gustaba en mi época), constituido por pirámides, algunas de las cuales exhiben un ojo parpadeante sobre su superficie (como podéis ver en la captura de arriba). Estos escenarios se alternan sin ningún patrón. Quiero decir que las fases no se caracterizan por el fondo, si no por los enemigos.
¿Qué habrá más allá de la fase 32? ¿Cómo será la última? Y después, ¿se comenzará
de nuevo, o se llegará a algún final concreto?
Aunque hay dos modos de juego: enfrentarnos a todas las etapas secuencialmente,
desde la número 1 a la número 42, o jugar a pantallas construidas con mezclas
aleatorias de los malos de las 32 primeras, hay 10 fases que permanecen en el
más profundo de los misterios. (Buena cursilada, pardiez).
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Creo que este es uno de los juegos más resultones de Minter. Aunque no hay mucha variedad de escenarios, los que existen cumplen bastante bien. De hecho, recuerdo que las pirámides me gustaban, en mis tiempos, porque por mucho que uno se acercara a la pantalla, era incapaz de distinguir los pixels que constituían sus paredes, en diagonal. |
Con un emulador la cosa cambia claro, pero no creáis: siguen teniendo un perfil
bastante "suave".
Lo mejor son los personajes. No es que estén maravillosamente dibujados y, con
frecuencia son monocolores, pero muchos de ellos emplean la alta resolución,
y la variedad es asombrosa. Te atacarán hasta teléfonos que te dejan caer encima
el auricular, para desplomarse ellos después. La monda.
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Siempre dije que Jeff Minter era uno de los programadores que mejor dominaban el SID. Y los efectos de sonido que se pueden escuchar en este juego son asombrosos. Incluso, creo yo, lo habrían sido en un título varios años posterior. Las músicas están bien. Como ya os he contado, corren a cargo de ese tal James Lisney. |
No sé qué más cosas compuso, porque el caso es que nunca vi su nombre en los títulos de crédito de algún juego no programado por "el peludo". De hecho, no sé si es un pianista, cuyas composiciones (con un aire muy clásico) acababan en "formato SID" gracias al inefable hippy, o realmente era él quien las codificaba. El caso es que me gusta la música de presentación. Y, detalle curioso, cuando ponemos nuestro nombre en la tabla de records, podremos escuchar los primeros acordes de una de las series de sobremesa (en aquel lejano tiempo en el que sólo teníamos dos canales de televisión: la primera, y la segunda -también conocida como "la UHF"-) más célebres de principios de los 80: Battlestar Gallactica, o como se tradujo aquí "Galáctica: Estrella de Combate", una especie de culebrón interplanetario reminiscente de La Guerra de las Galaxias, pero lleno de efectos cuasi psicodélicos y peinados cardados al estilo de la moda de la época (y luego dicen que los 70 eran horteras ¡je!). ¿Os acordáis de ella? Los Cylones (los malos), los cazas Viper, con su botoncito de "turbo" y todo, los dos guaperas protagonistas, Apollo y Starbuck (interpretado por el tal Dirk Benedict, que luego hizo de Phoenix, en El Equipo A). ¡Qué tiempos! :'-)
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He estado a punto de otorgarle un 9 a este juego. Pero a pesar de que el motor principal de estas páginas es la nostalgia, tampoco quiero que mediatice tanto mis comentarios :-) Revenge of the Mutant Camels es un matamarcianos terriblemente original, bien hecho y difícil. Para mi, el mejor título de Jeff Minter. |
| * La enorme variedad de enemigos. * El humor que transpira. * Los efectos de sonido. |
* Algunas fases son terriblemente difíciles. |