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Nick Faldo's Golf Championship
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Lo que faltaba. El "campeonato de golf de Nick Faldo". El colmo de la acción frenética, efectos espectaculares y toda suerte de imágenes impactantes. Vamos, como el "Bill Cosby elaboración de pastelite de manzane and tricoteing of jerseys de rombos simulator". Más o menos.
No hay deporte más carca que el golf, ¿verdad? No hay actividad lúdica que se asocie más a una casta de médicos, abogados o famosetes jubilados, entraditos en carnes (y en billetes), que el golf, ¿a que no? No existe idea más repelente para muchos que pasar una tarde entre céspedes dignos de un jardín real y clubes frescos, bien iluminados y limpios como patenas. ¿Me equivoco?
No, no me equivoco. Otra cosa es que esté de acuerdo con sectarismos semejantes. Cuando pensaba en cómo comenzar el comentario de este juego, leyendo para ello los del Hole on One y el Leaderboard (y así tratar de repetirme lo menos posible) caí en la cuenta de que este deporte despiertas inquinas diversas en esos que se empeñan denodadamente en politizarlo todo. Qué mala vida que llevan, los pobres. Son capaces de no ir a tal sitio porque les parece muy de un lado o del otro. O de no relacionarse abiertamente con este o aquel tipo de personas porque, echando mano de una estridente batería de prejuicios clamorosos, los asocian a un determinado credo ideológico. Penita, oigan. No, no exagero nada. Conozco montones de casos, personalmente.
Y no niego que la imagen que transmite el golf es facilísimamente encajonable en cierto estilo de vida. Y si no, ya me diréis: debe de ser el único deporte que no se practica ni con chándal, ni con pantaloncitos cortos y elásticos.
Al contrario: los grandes maestros son señores (o chavales jóvenes) ataviados como modelitos de alguna marca de moda clasiquísima británica.
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Esa estética tan pulcra, tan higiénica... pues es normal que a algunos de los representantes de uno de los bandos del movimiento pro-politización de todos los ámbitos de la vida e inmediato colgajo de etiquetado surtido y profuso sobre personas, cosas, artistas, libros y hasta ciudades enteras, les motive cierta grima. |
Pues a mí esto del golf me parece algo muy agradable. Practicarlo, vaya, porque verlo por la tele se cuenta entre los pestiños más infumables e insufribles que conozco. Bueno, el cricket es peor...
Cuando uno acude al fútbol con los amiguetes, salvo que su equipo se juegue algo muy importante, va más bien por la jarana, los brincos, los bocinazos y bunfandazos, y el estupendo desahogo que es para algunos acordarse a viva voz de todo el árbol genealógico del árbitro (haga su trabajo bien o mal -eso es lo de menos; lo mejor es decirle de todo a un señor que pasaba por allí sin que no sólo se te repruebe, sino que te ganes los aplausos de cientos de exaltados-). El partido en sí es un añadido, una pavadita pseudoteatral que 22 tíos en calzoncillos interpretan sobre un rectángulo de hierba. Bueno, pues con el golf pasa algo similar: lo que importa es el paseo entre estanques y bajo susurrantes cipreses. Ideal para todo tipo de tertulias enjundiosas de esas en las que se deja al Mundo entero como nuevo. Lo de endiñarle un mandoble cada 100 metros a una pelotita, es poco más que una anécdota.
De las pocas veces que he tenido la oportunidad de practicar el golf (en Inglaterra, todas ellas), recuerdo con mucho más agrado el paseo en sí y las charlas con los amiguetes, que lo de meter la bolita en el hoyito. Vaya, es que de eso, ni me acuerdo (¿sería porque no daba ni una?).
En mis tiempos sólo tuve un juego de golf para mi fiel C64: el Hole on One. Gracias a los emuladores, he conseguido dos más, incluyendo este que nos ocupa. O, bueno, más correctamente, tres: habría que contar la reedición del Leaderboard, con más recorridos y gráficos bastante más vistosos (al menos, las banderitas de los hoyos no se alzan en medio de inmensos páramos acuáticos salpicados de islotes verdes, absolutamente llanos y sin el menor rasgo...). Y creo que todos ellos pueden describirse sinópticamente echando mano de un solo calificativo: agradables.
Eso sí, en el caso de este Nick Faldo's Golf Championship, habría que añadir algún otro más. "Profesional", sería uno bastante adecuado. En lo bueno (pulcritud y buena presencia de menús y gráficos y eficiencia en el desarrollo) y en lo malo (¡anda que no llega a ser difícil el condenado!).
Lo cierto es que más de un pasmarote de mofletes rebozados de acné, aficionado
a pegar a los títulos de sus mediocridades la coletilla "Simulator"
(supongo que los que lleven más tiempo visitando estas páginas, ya sabrán de
quiénes hablo) debería aprender de este invento de Grandslam, lo que realmente
significa SIMULAR algo con un ordenador. Y es que en este titulito no sólo nos
las tendremos que ver con los parámetros más típicos de este tipo de videojuegos,
como el viento o, en el colmo del hiperrealismo computerizado, ¡la pendiente
del green cuando el protagonista está en sus inmediaciones! (insisto: a más
de uno le bastaría con incluir dos detalles chusqueros que involucraran magnitudes
semejantes, para declarar que acaba de partir todo un simulador de golf... poquita
vergüenza, oigan) (sí, vale, sí, lo diré -por cortesía con los no iniciados-:
hablo de los CodeMasters. Me caían mal, en los 80). No; en este Nick Faldo's
etcétera, etcétera (NFGC, para abreviar), se tienen en cuenta detalles como
la altura de la hierba o la posición de los pies del golfista a la hora de arrearle
con el palo a la bolita. Para que aprendan los que hacían un mal clon del Commando,
con vista aérea y ya decían que era un simulador de combate de las SAS británicas.
¿No te jode?
¿No? Pues a mí sí. ¿Qué pasa?
De principio a fin, NFGC deja bien claro que es una excepción a esa funesta regla que aseguraba que cualquier juego deportivo que necesitara del nombre de algún famoso que lo practicara, para vender más, tiraba a nefasto.
¿Ejemplos? Emilio Butragueño Fútbol, Fernando Martín Basket Master (al menos, la versión de C64)... Y, dicen por ahí que el Drazen Petrovic tampoco era como para infartarse de admiración ante el despliegue de virtuosismo digital de sus creadores.
| Ni del ilustrador de su portada, que es lo único que recuerdo del juego en sí: aparecía el célebre baloncestista, esbozando una sonrisa de TARADO CRETINOIDE a la que sólo le faltaban un par de hilillos de baba espesa, pendiendo barbilla para abajo. | ![]() |
Hay algo que me hace bastante gracia de este juego y es que transmite la misma imagen "higiénica y clásica" que, seguramente, tendría (o tendrá -no sé si seguirá siendo parte del Universo consciente-) el tal Nick Faldo. No, no tengo ni idea de quién es. Me suena mucho, sí, pero si no fuera por su foto digitalizada que puede verse en la presentación del juego, ni siquiera sabría qué pinta tiene (aunque me lo imaginaría: pinta de golfista... de esos que parece que se levantan peinados y enfundados en unos pantalones de pinza sin una condenada arruga, esbozando una deslumbrante sonrisa tenticlor y oliendo permanentemente a after shave caro). Bueno pues, ya os digo, el juego también transmite esa apariencia de sobriedad elegante y funcionalidad que parece que es la marca de la casa de todos los golfistas profesionales que en el mundo son.
Al principio igual os perdéis entre opciones mil e indicadores chorrocientos, pero la verdad es que no es complicado empezar a aprender la mecánica. Ojo, repito: EMPEZAR a aprender la mecánica. Cuándo vais a terminar de aprenderla, es harina de otro costal. Después de más de un buen rato persiguiendo a la bolita de marras (por cierto, ¿sabíais que el hecho de que esté moteada de hoyuelos hace que vuele más lejos? qué cosas tiene la Física), aún me costaba lo mío sacarla de zonas de hierba alta; si queréis haceros una idea de la pinta de la superficie, por cierto, no tenéis más que acudir al menú.
¿Y cómo se hace eso? Pues empujad el joystick hacia arriba y obtendréis
una lista de opciones seleccionables pulsando el botón de disparo, a saber:
- Ver el mapa: muestra una perspectiva aérea del recorrido, nuestra posición y
la del hoyo.
- Terreno en el que se alza la bola: (que es una especie de traducción, a base
de pedorretas, de la expresión, concisa a más no poder, "ball lie", que
podréis ver en el menú) hace que aparezca un dibujo (chiquitajo, pero
resultón) de la pelotita y la hierba que la rodea, si la hay (al principio,
recordémoslo, comienza sobre el "tee", que es ese pequeño soporte
que se pincha en el suelo). Cuanto más alta sea la hierba, más complicado
será endilgarle un cebollazo.
- Fuerza: nos permite alterar la fuerza con la que le sacudiremos a la bola.
- Stance: que no sé cómo coña se traduce (y no me apetece recurrir a un
diccionario). El caso es que sirve para determinar la posición de los pies del
golfista. La monda. Puede adelantar uno u otro, o tenerlos los dos en línea. Se
ve que esto afecta al golpe, aunque no sé ni cómo ni en qué medida. Eso sí,
queda cojonudo.
- Wind: uno de los ingredientes de la descerebrada alharaca de cualquier
experimento en programación con un nombre acompañado por la coletilla "simulator"
que... erm... perdón... bueno, supongo que este parámetro es bastante obvio,
¿no?
Lo que no es tan obvio es que los programadores, en aquel entonces,
supieran modelarlo en condiciones y así, en el Hole on One, la bolita trazaba
una trayectoria errática e impredecible, como un abejorro aturdido por un
zapatillazo que falla por poco. En el caso que nos ocupa, se pone de relieve una
vez más el buen hacer de la gente responsable del invento y la bola describe suaves parábolas a un lado o a otro, llevada por el viento, de un modo
totalmente creíble.
- Palo (club): permite que escojamos el palitroque (a todo esto: al principio
del recorrido se nos insta a elegir los que queremos llevar con nosotros; habrá
que dejar un par de ellos fuera). Aunque nunca tuve muy claro qué diferencia
hay entre unos y otros, parece ser que la fundamental está en la distancia a la
que podemos mandar la pelotita.
Ah, una cosa más: en los extremos superior izquierdo y derecho del menú podréis ver sendas flechas. Una apunta hacia la izquierda y la otra hacia la derecha. Pues bien: se usan para rotar la perspectiva unos pocos grados en un sentido u otro. Vaya, la perspectiva y el golfista. Es de lo más útil si uno de nuestros lanzamientos queda justo delante del tocón de un alcornoque. Lo más razonable en un caso semejante será girarnos ligeramente para que la bola no se estampe contra el tronco.
El lanzamiento en sí no es especialmente fácil. De hecho, es de los más complicados que conozco en un juego de esta índole. Recuerda en cierta medida al mecanismo que se emplea en el Leaderboard, aunque requiere bastantes más reflejos y consiste en pulsar el botón de disparo en los instantes adecuados cuando una barra roja, que va aumentando de tamaño rápidamente, pasa sobre los indicadores pertinentes.
En las inmediaciones del green la perspectiva cambia (como podéis ver en la segunda captura) y también las opciones del menú. Vamos, tanto, tanto, tanto cambian que desaparecen y todo. Lo único que conseguiremos si movemos el joystick hacia adelante será ver la pendiente general del hoyo (si está sobre un montículo, en una hondonada...) y un par de datos más. Ojo, porque la forma de manejar el putter también es diferente: con él, cuanto más tiempo mantengamos el botón de disparo pulsado más fuerza pondremos en el porrazo.
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Funcionales y sobrios, pero muy cuidados y con un aspecto muy profesional. Desde la presentación al desarrollo lo cierto es que son bastante agradables de ver. |
Y además, el escenario se redibuja tras cada lanzamiento con una rapidez pasmosa (aunque no se puede ver ese "redibujado", como ocurre en el Hole on One o el Leaderboard; en lugar de esto, el mapa del recorrido tapa, muy apropiado él, las vergüenzas del proceso de trazado del escenario). El único personaje que aparece en la pantalla (el golfista, claro) está dibujado en alta resolución y hace gala de una animación estupenda.
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Flojísimo. No hay música y que yo recuerde, sólo un par de efectos. Bien conseguidos, eso sí. |
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Un juego de golf casi como cualquier otro. Atención a eso: CASI como cualquier otro. Coincide con otros títulos del género en lo agradable de jugar que resulta. Casi relajante, diría yo. Pero destaca en otros apartados: gráficos muy cuidados: aspecto muy profesional, lleno de detalles y opciones... ¡y difícil, el jodío! Una pena que sólo haya dos recorridos (uno de ellos en el Algarve portugués -bonita región, sin duda-, y el otro en Escocia). |
| * Muy profesional. * Los gráficos y la presentación son muy agradables. |
* Sólo dos recorridos. * Apenas hay sonido (aunque no se le puede pedir mucho más a un juego de este tipo, todo hay que decirlo...). |