|
Underwurlde
|
|||||
|
|||||
|
Siempre he tenido claustrofobia, pero curiosamente, cuando era pequeño me
encantaban todas las historias ambientadas en un mundo subterráneo, a través
de grutas pobladas por extrañas criaturas y a lo largo de profundas y
tenebrosas galerías. Luego, mis padres me llevaron a ver las cuevas de Aracena,
y casi que me voy por la patilla p'abajo, al sentirme sepultado bajo varias
decenas de metros de roca. ¡Y mira que el sitio era interesante!
Afortunadamente, tuve la oportunidad de volver a visitarlo, años después,
cuando estaba un poquito menos agilipollado, y verdaderamente disfruté de la
experiencia.
Supongo que todos teníamos, en los 80, nuestros motivos a la hora de elegir
un juego u otro (fijaos qué honda y metafísica reflexión existencial; es que
soy la monda). Quiero decir que, a los fanáticos del fútbol, los International
Soccer, Italia'90, e historias
similares, seguramente les harían bastante más gracia que a los que no pudieran
ni ver este deporte.
También habría quien acapararía cualquier cinta que cayera en sus manos, por
el simple hecho de que podía hacerlo. Muchos de esos juegos, seguramente
ni le gustarían al mozo en cuestión, e incluso, ni los vería en su vida. Acabarían sepultados
bajo un montón de cassettes polvorientos. Conozco casos, incluso hoy en
día.
Personalmente, si un juego se desarrollaba en un fabuloso reino por debajo
de la superficie de la tierra, ya le ponía encima el punto de mira. No me
preguntéis por qué. Una manía tan difícilmente explicable como cualquier
otra.
Así que, este Underwurlde tenía todas las papeletas para caer en mi saco. Más
aún, cuando venía precedido por la fama. Fama de ser muy entretenido y de
tener un mapa enorme (256 pantallas, ni más ni menos). Fama que, por supuesto, provenía de la versión de Speccy,
y pooor supuesto, aventaban mis eternos, sempiternos, omnipresentes y egregios
vecinos spectrumneros. Los del piso de abajo, sí. Los que menciono tanto, como
si nunca hubiera tenido otros (y lo cierto es que ese era el caso: a principios de los 80,
eran los únicos chavales de mi edad con ordenador, que vivían en mi edificio;
igual había más, pero yo no los conocía).
... hay que jorobarse con las historias ñoñas que os largo, qué
paciencia tenéis.
Bueno, centrémonos: Underwurlde es uno de esos encantadores jueguecitos con los que Ultimate dio sus primeros pasos en el Speccy. Se publicó allá por 1984 y su gran éxito llevó a la compañía británica a adaptarlo para el otro gran formato del país: el Commodore 64.
![]() |
En realidad, no fueron ellos quienes se encargaron de la conversión. Los de Ultimate eran, sin duda, unos auténticos expertos en programar la máquina de Sir Clive Sinclair, pero no se podía decir que dominaran la de Jack Tramiel. Al menos, hasta que incorporaron (o, mejor dicho, subcontrataron) a los responsables de las magníficas aventuras de Sir Arthur Pendragon (Entombed, Blackwyche, y demás). |
Sin embargo, quienes adaptaron este entretenido (y dificilísimo) plataformero
a nuestro ordenador favorito, fue la gente de Firebird, en 1985. Un año magnífico
para aquella empresa, por cierto, pues fue el que vio el lanzamiento del fantástico
Elite.
Bueno, a lo que iba: a pesar de no ser exactamente una videoaventura,
Underwurlde tiene ese atractivo tono de misterio que Ultimate conseguía
conferir siempre a sus juegos (en las instrucciones, no falta ni el -más o
menos chirriante- poema alusivo a la historia).
El protagonista es el mismísimo Sabreman, el héroe de otro clasicazo del
Speccy: el Sabre Wulf. En una de sus correrías, mientras exploraba el llamado
Pozo del Mal, que se abría al "Inframundo" (literalmente, el "Underwurlde"),
termina atrapado en un castillo poblado por monstruitos voladores bastante
agresivos, cuya única salida implica descender a una red de grutas bastante
siniestras. Así que nuestra tarea será ayudarle a volver a la superficie.
Comenzamos en una de las salas del castillo, a 15 pantallas de profundidad. Sí, es curioso: en la parte izquierda del marcador aparece la profundidad a la que nos encontramos. Si hay alguien con alma de espeleólogo (aunque sea espeleólogo claustrofóbico, como yo), igual encuentra divertido probar a descender todo lo que pueda. Yo he llegado a estar a treinta y tantas pantallas de la superficie.
Aunque pronto os veréis rodeados por toda suerte de monstruitos voladores
(no faltan ni unos pajarracos que se empeñan en atrapar a Sabreman con sus
zarpas, y en llevarlo revoloteando a través de las grutas; a veces, podemos
tener la suerte de que la alimaña, accidentalmente, nos eleve hasta algún
lugar de difícil acceso; pero en otras ocasiones, es posible que el
recalcitrante animalito nos aleje, un par de abruptas pantallas, del punto al que
nos dirigíamos), éstos no son el principal peligro. Al menos, directamente.
Me explico: cuando una gárgola, medusa flotante o engendro similar, golpeen a
Sabreman, lo enviarán dando vueltas por los aires. Pero NO le causarán ningún
daño. Nuestro protagonista sólo puede perder una vida de dos formas: cayendo
desde mucha altura, o acusando el impacto de una estalactita.
Os cuento con más detalle...
Los pozos, abismos y simas abundan en el juego. Basta con despeñarnos desde algo más de una pantalla y cuarto (así, a ojo) para que nuestro héroe se estampe contra el suelo, y los malosos muestran una tendencia, a veces bastante irritante, a acercarse a Sabreman, y empujarlo para que caiga del borde de alguna plataforma al vacío (al menos, podemos protegernos de las caídas durante unos segundos, si recogemos unas gemas azules que veremos en bastantes pantallas). Respecto a las estalactitas: en muchas cavernas, si conseguimos saltar cerca del centro del techo, observaremos cómo el protagonista queda colgando de una cuerda, telaraña o algo parecido, que emergerá de pronto desde ese punto.
Gracias a ella, podremos descender suavemente hacia la superficie más cercana, sin riesgo de esmorrarnos (mientras no nos asalte un grupito de furibundas repugnancias volantes, claro: tienen la capacidad de hacer que nos soltemos de la cuerda), o balancearnos para tratar de alcanzar algún saliente.
| Pues bien: si permanecemos demasiado tiempo colgando como un jamón curado, veremos cómo se desprende del techo una enorme estalactita que se desplomará sobre nosotros. Si no conseguimos ponernos a salvo antes de que semejante mole pétrea aterrice sobre nuestro ridículo casquito de espeleólogo, perderemos una vida. | ![]() |
Bueno, bajar es de lo más sencillo, como podréis imaginar. Incluso aunque
las hordas de malos nos den la tabarra incesantemente, sólo hemos de
mantenerlos a raya disparando con el arma que llevemos encima (podemos cargar
con un máximo de tres simultáneamente), y procurar que no nos empujen a algún
precipicio.
El problema, claro, es subir. Todas las paredes son absolutamente lisas y
verticales, así que no hay manera de escalarlas.
Para ascender pantallas, hay que echar mano de dos métodos: saltar de
plataforma en plataforma, (donde las hay), o subirnos a una de las burbujas que
el subsuelo volcánico expele a través de cráteres, en ciertos lugares.
Sobre una de las pompas, podremos ascender lentamente, pero, claro, tampoco es
que ofrezcan una superficie estable, amplia y segura: tendremos que
procurar no movernos demasiado, a riesgo de despeñarnos y pegarnos la morrada
padre varias pantallas más abajo, e intentando desintegrar a los monstruitos
que aprovecharán la coyuntura para mostrarse especialmente incordiantes.
Para completar el juego, tenemos que derrotar a una serie de guardianes que se mantienen quietos en ciertas pantallas (como la de la segunda captura, precisamente). Sólo si empleamos el arma adecuada, podremos quitarlos del medio y acceder a una nueva zona. Así que la mecánica del juego es, al menos en concepto, bastante sencilla: andar en busca del ingenio para hacer pupa que sea efectivo con el guardián de turno, y una vez encontrado, volver hasta donde se esconde éste, mandarlo a la galaxia Gromenauer, y seguir avanzando.
|
|
|
||||||
![]() |
Muy Speccy, o sea, muy nítidos y bien definidos. Eso sí: monocolores y con ciertos pequeños problemas de "colour clash" (poco frecuentes y nada molestos, sin embargo). |
![]() |
Una versión más bien simplona de The Halls of the Mountain King (una de las piezas musicales más recurrentes en los videojuegos), y un puñado de efectos de sonido, bien hechos, pero que no pasan de ser funcionales. |
![]() |
Un plataformero agradable, simpático, con gráficos muy nítidos, y un nivel de dificultad que a veces raya lo frustrante. |
| * Gráficos bien definidos. * Adictivo. |
* A veces es irritantemente difícil. |